domingo, septiembre 22, 2019
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Por Hugo REYNA GOICOCHEA
Qué incomprensible resulta para la razón humana, la pérdida de
nuestros seres queridos, cuando su partida, es súbita e
inesperada; cuando a quienes los tenemos junto a nosotros el
día a día, plenamente recuperados de su salud, o aún en la
frescura de sus años juveniles o en la plena madurez de su vida;
así de pronto, súbitamente, los perdemos. Qué difícil comprender
y aceptar los designios de nuestro Creador.
Conocí a Cesítar Loli, a mediados de la década de los años noventa,
época en la que con Armando Loli, su hermano menor, nos habíamos
propuesto la creación de un diario para Cajamarca. De voluminosa
figura, tez morena, ojos claros, destacaba por su aligerada locución, en
determinados casos con mensajes en serio, pero mayormente en
broma; lo cual a veces, nos dejaba sumamente perplejos de creer o
dudar de sus afirmaciones, que luego celebrábamos con sonoras
carcajadas, dadas la hilaridad de sus ocurrencias y por la forma en nos
ponía en apuros.
Cesítar, como así cariñosamente lo llamábamos, con su carácter
candoroso y una aguda “chispa” para bromear, supo ganarse el aprecio
familiar, el de los amigos y de muchas personas vinculadas con el
quehacer periodístico local, en el cual tuvo una significativa presencia
durante los primeros años del presente siglo con su periódico “Prensa
Libre”, con una cobertura regional; el mismo que dejó de editarse para
nuestro medio, cuando, por voluntad propia, decidió retornar a su natal
Trujillo, para seguir publicándolo en esta ciudad y dedicarse, así mismo,
a la administración de su establecimiento de hospedaje en el sector
turismo.
Como buen trujillano, era muy emprendedor, empresario innato, muy
aficionado al deporte de los “fierros”; es decir, al automovilismo, del
cual fue un importante activista en su promoción y el desarrollo de
competencias en este campo, destacando como un habilidoso conductor,
habiendo organizado y desarrollado también carreras automovilísticas

en circuitos en Cajamarca y hacia ciudades de la costa; eventos que, en
su momento, atrajeron la atención de destacados pilotos del ámbito
nacional, dándole celebridad, en este campo a nuestra región.
La noticia de su súbita partida, nos ha consternado ostensiblemente:
Cesítar, mi entrañable amigo, ya no está mas con nosotros, nos dejas
sumidos en la más profunda tristeza, sin poder explicarnos el porqué de
tu inusitada partida. Eso sí, estamos seguros que ya estará bromeando
con sus padres, hermanos y conocidos, que nos han antecedido en este
camino inexorable hacia la vida eterna.
Ante estos tristes acontecimientos, viene a mi memoria, cuando de
pequeños solíamos sentir algún temor por lo desconocido, nuestras
queridas madrecitas, con arrulladora voz, con candidez y especial
ternura, solían referirse a la protección que nos da “El Creador” a
través de la presencia de la madre María, y de manera especial, al
insuflarnos la vida, asignándonos también, de manera personal, a
nuestro “Ángel de la Guardia” para que nos preserve de todo peligro,
impregnándose en las frágiles memorias infantiles la conocida oración:
“Ángel de mi guardia, dulce compañía, no me desampares ni de
noche, ni de día”.
Posteriormente cuando los años van sucediéndose, y vamos trajinando
en las sucesivas e ineludibles fases de la vida, este ser alado, nuestro
protector principal, ya no solo se ubica, por las noches, a un costado de
nuestro aposento para protegernos, sino que su presencia se delinea, de
manera permanente, a través de una persona muy especial al que
cariñosamente llamamos: ¡AMIGO!.
Para mi persona, Cesítar fue un dilecto amigo: “garantía de mi
inversión de capital intelectual” en “Panorama Cajamarquino”,
como él siempre bromeaba cuando me decía: “No te preocupes, toda
tu inversión, tendrá que retribuírtela Armandito, cuando
Panorama cumpla sus 25 años”, es decir este año. De eso estoy
seguro, ya que mi garantía ahora está en el cielo, un Ángel más en la
Gloria del Señor, quién siempre recalcaba, medio en serio, medio en
broma: “tu inversión está garantizada”.
La aciaga noticia de su sensible deceso, no hace sino reafirmar nuestra
fragilidad humana, nuestra transitoria y fugaz presencia física, muchas
veces plagada de inconformidades e insatisfacciones. En homenaje a
este extraordinario amigo y hermano, quiero invocar a quienes
conocieron a Cesítar Loli, nos unamos en una oración conjunta, que
exprese nuestros más íntimos sentimientos en su memoria.

Como es natural, entre los seres humanos, la partida de un ser querido,
indudablemente nos consterna, nos lacera las fibras mas intimas de
nuestro ser. Quiero indicar, sin embargo, en este caso, cuan gratificante
era conversar y departir momentos de unión familiar y amical con
Cesítar. Momentos de especial alegría deparaba su presencia, con su
contagiante entusiasmo, logrando germinar y desarrollar el verdadero
sentimiento de amistad y hermandad. No obstante, somos conscientes
que este viaje emprendido, no es sino la consecuencia del proceso de
nacer, vivir y morir al que todos estamos sometidos. Si bien ya no
volveremos a verlo físicamente, permanecerá viva su imagen en nuestra
memoria, en lo más profundo de nuestros corazones.
Expreso de manera personal y el de mi familia, mis sentidas
condolencias a las familias Loli Salomón y Loli Melgarejo, ante este
luctuoso suceso. Expreso asimismo mi profunda gratitud por esa linda
amistad con Cesítar, la misma que quedará de manera permanente en
mi memoria y sentimientos, hasta el momento en que también,
enfilemos en el inevitable camino que nos depara nuestra relativa
existencia y podamos encontrarnos y volver a experimentar un abrazo
fraterno, en la presencia de nuestro Creador.
¡Cesítar Loli Salomón¡: ¡DESCANZA EN PAZ!

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