domingo, mayo 26, 2019
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Robo con violencia y conducta criminal. Esos son los cargos de los que se acusa a Conor
McGregor, luchador profesional de artes marciales mixtas, y por los que ha pasado unas horas
en el calabozo y ha tenido que pagar 12.500 dólares de fianza para eludir una condena mayor.
Los hechos lo merecen: en Miami (Florida, Estados Unidos), cerca de un hotel, un aficionado le
vio por la calle y quiso hacerle una fotografía con su teléfono, pero la reacción de McGregor
fue arrebatárselo de las manos, tirarlo al suelo, pisotearlo, y además quedárselo e irse con él.
En su defensa, Conor se mostró colaborador con la policía ante lo que su abogado considera
“un pequeño altercado”. Teniendo en cuenta el muchísimo dinero que ha ganado por ahora

como luchador, no parece que la multa que se le ha impuesto suponga un problema para él. Lo
que sí es más grave es el daño a su imagen que puede hacerle este suceso… y otros
similares en los que se ha visto implicado en los últimos tiempos.
Porque no es, ni mucho menos, el primer conflicto que protagoniza el combatiente irlandés a
lo largo de su carrera. Sin ir más lejos, su última pelea, el pasado mes de octubre contra el
ruso Khabib Nurmagomedov (que perdió McGregor), estuvo plagada de incidentes. Meses
antes del combate las relaciones entre ambos contendientes, antes cordiales, se enturbiaron
debido a una pelea en un bar ruso entre amigos de ambos.
Con la tensión a flor de piel, a Conor no se le ocurrió otra cosa que acercarse a una
comparecencia de prensa de Khabib y, al no poder pasar, atacar al autobús que transportaba a
los luchadores estampando una valla de obra contra una ventanilla, entre otros objetos
contundentes que dejaron varios heridos.
Eso fue antes de subirse al octógono. Justo después se vio involucrado en una gresca con el
equipo de Nurmagomedov, que le valió una suspensión de medio año en el campeonato UFC y
50.00 dólares de multa. Se consideró que, en este caso, su rival fue el que inició las
hostilidades, por la que la sanción que recibió Khabib fue mucho mayor.
Tras el fracaso en el boxeo volvió a la MMA, a intentar recuperar el título de campeón que le
habían retirado por inactividad, con la nueva decepción contra Nurmagomedov. Y así está
ahora mismo: derrotado, lejos de la gloria y manchado con los escándalos que continúa
protagonizando.
Con solo 30 años está a tiempo de volver a ser el que era, pero puede que, como cree
Cepeda,“su tiempo en MMA también haya pasado” y que en pocos años, con el ritmo
vertiginoso de la sociedad actual que crea y consume héroes a toda velocidad, nadie se
acuerde de él salvo para reír sus desgracias. 
Falta ver si tiene la cabeza suficientemente amueblada como para, al menos, no derrochar una
parte de sus ganancias y permitirse una vida futura digna. Confiemos en que no se convierta
en un caso más de leyenda caída; todavía tiene en sus manos evitarlo y dar un paso adelante
hacia la madurez.

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