APORTE JURÍDICO

M.Cs. Johny Marino Diaz Sosa

LA PRECARIEDAD DE LA OFERTA POLITICA Y EL RIESGO DE LA DEMOCRACIA EN MANOS DE LOS PARTIDOS POLITICOS EXISTENTES.

     A dos semanas de la elección presidencial, los candidatos siguen muy débiles en sus propuestas y se mantiene el riesgo de otro quinquenio complicado para nuestro país por la división política, según advierten los especialistas al analizar la última encuesta de Instituto de Estudios Peruanos (IEP) para la República.

Fernando Tuesta, politólogo y profesor de la Pontificia Universidad Católica del Perú, ha señalado que es la mayor dispersión del voto de la historia republicana. El primero tiene alrededor de 11% donde antes empezaban los chicos, y para llegar al 50% debes sumar 7 candidatos. Para la segunda vuelta, candidatos con porcentajes bajos lucharán por una parte grande del pastel. Agrega, que estamos ante candidatos que no apasionan, con discursos que conectan con lo que la gente necesita, con propuestas erráticas que no saben expresarlo de manera clara y contundente para dar muestras de seguridad en lo que se quiere alcanzar en un eventual gobierno.

El sociólogo Carlos Adrianzen, docente de la PUCP destaca que la fragmentación continúa. Agrega que La idea de que ésta se resolverá con la lección está más lejos de ser realidad y que probablemente tengamos un gobierno minoritario y tendrá que ser muy hábil para construir.

La fragmentación política, se refiere a un contexto o grupo social, hasta en la sociedad misma, en donde existe una situación de división partidaria, marcada por una polarización entre dos o más sectores o propuestas políticas. Por supuesto de un lado estarán los que defienden una postura si se quiere oficial o que es la que gobierna, y por el otro, aquellos que la combaten o critican. En tanto, ésta fuerte división dará lugar a la desintegración o rotura del espacio que se trate ya que la convivencia en ese marco, donde perviven tantas diferencias y oposiciones, se hace ciertamente imposible para que el grupo o comunidad en cuestión puedan desarrollarse con normalidad.

La politóloga Paula Muñoz, profesora de la Universidad del Pacífico, apunta que “los candidatos no están tratando convencer a sectores socioeconómicos más bajos y a los no interesados en Política, bolsones que van al voto blanco o viciado”.

Luego del tercer debate electoral realizado el día de miércoles último en horas de la noche, Mariana de Althaus escribió: “No tener habilidad para habla en público no es algo vergonzoso. Hay millones de personas que tienen pánico escénico y son sumamente decentes y serias. Por otro lado, los más sinvergüenzas fuero muchas veces grandes oradores. Pero en un debate presidencial, leer un guion redactado –obviamente por otros lo que demuestra es una ausencia de argumentos para desempeñar el cargo al que aspira. Aunque sea con palabras toscas, torpes, hasta inadecuadas, el que tiene ideas, buenas intenciones y conciencia limpia se hace entender, demostrándose de este modo una falta de vocación por las ideas, una incapacidad total por inspirar a la población hacia un cambio honesto y constructivo, y sobre todo una inaceptable falta de respeto a la población.

Esta precariedad de las ofertas políticas ha provocado que todavía haya un 27% de indecisos, cifra que se ha reducido en un 5% aproximadamente en relación con la encuesta anterior. Es una cifra excesiva para el promedio, porque faltan nueve días para acudir a las urnas, sin embargo, tras los debates electorales, definitivamente deben haberse producido cambios importantes respecto a las preferencias electorales.

Juan De La Puente, analista político, señala que el término “indeciso” es muy genérico para definir el perfil de dicho elector. Es alguien desconfiado y posiblemente indignado. Se trata de un bloque de “resistencia democrática” que podría componerse de unos 5 a 7 millones de personas que están a la espera de definirse, siendo el debate una gran oportunidad para hacerlo.

Para Patricia Záfare, jefa de estudios de opinión del IEP, refiere que técnicamente no hay ningún candidato en el primer lugar, y que cualquiera de los seis candidatos que figuran en los primeros puestos podría llegar a la segunda vuelta. Agrega que los electores que aún no eligen a nadie tienen algunas características a tomar en cuenta, son sobre todo mujeres, personas entre 25 a 39 años, en el norte y el centro del país, y básicamente residiendo en zonas rurales.

Se esperó con mucha expectativa, que los debates electorales hayan servido para que los candidatos tengan la capacidad de llegar a ese conjunto de peruanos desencantados de la política y que no han encontrado en todo el conjunto de propuestas que han escuchado, leído o visto en las mutiplataformas comunicativas que hoy existen, nada que los llegue a emocionar a “enganchar” en la oferta política.

Lamentablemente, el país atraviesa por una secuencia de ingobernabilidad plena que arrastramos desde hace mucho tiempo atrás, con cifras asombrosas como el haber tenido cuatro jefes de Estado para un quinquenio que aún no termina, fenómeno político, que solo es comparable con la crisis Argentina del 2001 – con cinco presidentes- que coincidió con el post “estallido social” chileno y, en general, con el descrédito generalizado de los partidos y sus políticos, según considera José Rodríguez Elizondo.

No es extraño, por tanto, que la simbiosis partidos – democracia hoy se esté empleando para abrir la puerta del “reino de los cargos”, como decía Max Weber. También sirve como coartada para ocultar corrupciones de alta o mediana intensidad, deficiencias de diagnóstico, ideologismos pretéritos e ineptitudes técnicas. Todo esto agravado por los gravísimos problemas sociales y económicos catalizados por la pandemia.

Es un cuadro de poder desviado, que induce la ingobernabilidad y/o favorece ese “nuevo estilo de revolución” que José Matos Mar bautizara, en 1984, como “desborde del Estado”. Es un fenómeno que confirma la llegada de esa crisis mayor de la representación política diagnosticada –entre otros-por Giovanni Sartori cuando sostuvo en 1987 que “la teoría de la democracia debe ser repensada completamente”.

En reciente texto para El Pais, el ex canciller peruano Diego García Sayán actualizó ese dictamen diciendo que “con partidos político poco o nada atractivos para la juventud, se abren muchas interrogantes y retos sobre el ejercicio del poder político y la representación ciudadana”.

Si bien es cierto, no hay democracia sin partidos políticos, así como no habrá partidos políticos sin democracia, sin embargo, a estas alturas, expresar nuestra adhesión o simpatía hacia un partido político podría resultar equívoco toda vez que, ante el escenario político actual, corremos el riesgo de volver a elegir y luego sentir ausencia de representatividad marcado por una crisis de gobernabilidad que nuevamente se irá agudizando con mecanismos obstruccionistas de quienes apuntan desde el Congreso a generar desestabilización del estado democrático de derecho, recurriendo a vacancias presidenciales por “incapacidad moral”, de acuerdo a sus intereses personales y partidarios.

Como punto de partida, debemos señalar que, si queremos reformar la política, la economía y la cultura, esto es, la propia democracia y el país, ello implica reconocer que ese cambio no solo es de forma y de reglas sino también de empoderar y considerar a los excluidos de la república, abriendo paso a una renovada clase política, es decir, apostar por la construcción de una nueva representación y mayoría política progresista y democrática en el país, preparando el escenario para una nueva constitución.

De hecho, la misma Constitución de 1993 ya contempla los mecanismos para la reforma total de la Carta Magna, según la cual, la reforma constitucional solo se puede efectuar por mecanismos regulados en la propia Constitución. Es decir, un Congreso tiene calidad de poder constituyente delgado y puede hacer la reforma total o parcial. Para sacar adelante una reforma total de la Constitución, el Congreso podría diseñar el nuevo texto y sancionarlo de dos maneras. Una primera opción es que lo apruebe en dos legislaturas ordinarias consecutivas con 87 votos. La segunda alternativa sería aprobarla en una primera legislatura ordinaria con 66 votos, pero el texto tendría que ser ratificado por la ciudadanía en un referéndum.

Surge la necesidad de una Asamblea Constituyente, debiendo recordar lo que dijo el Presidente Valentin Paniagua en el año 2002: “El Perú no está viviendo una transición más hacia la democracia. Vive en verdad un momento autoral, fundacional”. Ello implica una tarea colectiva como un gran reto a seguir por la nueva generación de jóvenes y por quienes reclamamos cambios estructurales que comprenda una reforma política, económica y educativa acorde con los nuevos tiempos, con inclusión y representación de todos los peruanos que reclamamos una democracia representativa que genere estabilidad para el país en todas sus dimensiones, lo cual, desde luego, no es posible alcanzar por ahora con los partidos políticos que pugnan por llegar al sillón presidencial.

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