Apuntes de Nuestra Historia

Fernando Guzmán Zumaran

fernandoguzmanzumaran@yahoo.es

La batalla del Rio de la Plata

El 1 de setiembre de 1939, Alemania, gobernada por el régimen nazi, invade Polonia, dando comienzo a la Segunda Guerra Mundial. Luego de esto vendría la declaración de guerra de Francia e Inglaterra. Pero para nosotros, los sudamericanos, las acciones bélicas del conflicto estuvieron lejos de nuestras costas, salvo por la batalla del Río de la Plata y el hundimiento del acorazado de bolsillo Admiral Graf Spee, frente a Montevideo.

Luego de finalizada la Primera Guerra Mundial en 1918, los vencedores imponen sus condiciones a una Alemania derrotada y empobrecida, a través del tratado de Versalles. Aunque el tratado de Versalles hecho por la sociedad de las naciones, ratificado en 1920, daba por finalizada la contienda bélica, también sentó las bases para que los países derrotados y humillados se enfrascaran 21 años después en otra conflagración armada. Las graves sanciones económicas a los países derrotados,  impuestas especialmente por Francia y el Reino Unido, produjeron todo un caos social, político y económico que derivó en el nacimiento de movimientos como el fascismo en Italia y el nazismo en Alemania. El tratado de Versalles en el ámbito militar prohibía a Alemania a tener ejército y en lo naval no podía tener buques de más de 10,000 toneladas. Al asumir el poder Hitler, empieza un rearme de todas las fuerzas, tanto terrestres, aéreas y marítimas. Ya para 1939, con sus planes de expansión, el régimen nazi construye tres  acorazados de bolsillo, llamados así porque eran más ligeros en peso y cañones de menor alcance. Pero eran más rápidos, cañones más pequeños, pero mayor cantidad y con una tecnología de punta.

El acorazado de bolsillo Admiral Graf Spee, Zarpó del puerto de Wilhelmshaven el 21 de agosto de 1939, once días antes que Alemania invadiera Polonia. Sus órdenes eran precisas: navegar hacia el Atlántico Sur y esperar comunicación de órdenes de ataque. Su capitán era Hans Langsdorff, brillante oficial que había nacido en Rugen, imperio Alemán. Cuando tenía cuatro años, su familia se muda a Dusseldorf y por coincidencias de la vida, tendría como vecino a la familia del vicealmirante Maximilian von Spee, marino imperial y condecorado por sus acciones en África oriental. El capitán Langsdorff, nació escuchando las hazañas de von Spee y, luego que ingresó a la marina, tendría el honor de comandar el buque que llevaba el nombre del gran oficial.

Al recibir la orden de atacar, el Graf Spee, empieza su labor de interceptar las líneas de abastecimiento de Gran Bretaña, hundiendo el treinta de setiembre al buque mercante Clement en las costas de Brasil. El siete de octubre hunde dos mercantes, el Newton Beach y el Ahlea. Entre el diez y el doce de octubre hunde los buques Huntsman y Trevanión. A estas alturas, el almirantazgo ingles ya se había dado cuenta que ningún barco proveniente por la ruta del Atlántico Sur llegaba a puerto. Winston Churchill  era un convencido que lo primero que tenía que hacer Inglaterra, era eliminar las fuerzas de superficie del tercer Reich. Ante la gran sospecha que había una fuerza naval enemiga en el Atlántico Sur, se forma la Fuerza de caza G, y su misión era encontrar y aniquilar a todo barco enemigo que estaba en la ruta de la desembocadura del Rio de la Plata, de donde salía el 40% de alimentos que consumían los Ingleses. ¿Pero cómo hacia el Graf Spee para hundir tantos barcos en tan poco tiempo? El Graf Spee se comportaba como un corsario. Atacaba y luego desaparecía hacia una posición lo más lejos posible. Pero aparte de cambiar de posición, el Capitán Langsdorff, cambiaba de apariencia su barco.  Les ponía los nombres de los otros dos acorazados de bolsillo construidos en Alemania, el Admiral Scheer y el Deuschland, pintaba la embarcación del color del enemigo y ponía bandera de los aliados. Cuenta uno de los marineros del Graf Spee “A uno de los mercantes nos acercamos con bandera francesa, cuando estábamos a menos de 400 metros izábamos  nuestra bandera, cuando se daban cuenta ya era demasiado tarde”. El Graf Spee ya era perseguido por la fuerza de caza G, sabiendo de sus maniobras de corsario, las informaciones eran contradictorias haciendo mucho más difícil cazarlo en la inmensidad del mar. El 15 de noviembre  el Graf Spee hunde  a un petrolero Ingles y el dos de diciembre a un carguero  de 10,000 toneladas. El seis de diciembre, el Graff Spee, se encuentra con el buque tanque Altmark, se abastece de combustible por novena vez, deja los prisioneros de los últimos buques hundidos y el siete de diciembre encuentra al carguero ingles Streonshalh, que llevaba trigo a Inglaterra y lo hunde. Luego, por alguna razón el capitán Langsdorff, reúne a su tripulación y les informa que irían con dirección al Rio de la Plata. El último buque hundido logró comunicar la posición del Graf Spee, entonces los buques de guerra británicos Ajax, Achilles y Exeter al mando del Almirante Henry Harwood se preparan para el encuentro. Al amanecer del 13 de diciembre el Graf Spee ve a lo lejos los barcos ingleses, teniendo en ese instante oportunidad de escapar, pero no lo hizo. Se acerca encontrándose  cara a cara con sus perseguidores produciéndose el enfrentamiento. Los buques ingleses ponen en práctica lo ya entrenado el día anterior, separarse y atacar al Granf Spee por tres zonas. El acorazado Alemán empieza a disparar contra el Exeter y luego de decenas de impactos de ambos lados, el Exeter estaba con las dos terceras partes del buque dañados y prácticamente fuera de combate. Luego traba combate al mismo tiempo con Ajax y el Achilles logrando impactarles en zonas de vital importancia, dándole al Spee oportunidad de seguirlos y quizás destruirlos. Pero no paso eso. El Graf Spee se dio media vuelta al puerto de Montevideo, seguido a cierta distancia por los maltrechos buques ingleses. Entra a Montevideo ya de noche, con daños estructurales menores, 36 muertos y más de 60 heridos. Rápidamente se reúne con autoridades de la embajada alemana en Uruguay y autoridades locales, pide 30 días. El capitán Langsdorff pensaba hacer reparaciones de su nave, reabastecerse de combustible y esperar a que vengan submarinos alemanes para poder romper el bloqueo y escapar. Pero Uruguay, nación neutral, pero donde Inglaterra tenía muchísima influencia en lo económico y político le niega el plazo y le da 72 horas para salir. Al atardeces del día 17, el puerto de Montevideo y los edificios alrededor de él estaban repletos de público viendo como terminaba esta historia. El capitán Hans Langsdorff había tomado la decisión de hundir el gran acorazado Alemán. Las miles de personas  ven salir al Graf Spee y atrás el carguero Tacoma con una gran cantidad de los marineros del acorazado. El Graf Spee puso proa con dirección a Buenos Aires y de un momento a otro se paró. Y como cuenta el escritor Alberto Daniel Abramovici en su libro, la batalla de Montevideo, “La manera más segura de volar el Graf Spee es una combinación de granadas, pólvora y cabezas de torpedos. Se utilizaron cinco relojes cronómetros tomados de los mercantes hundidos por el Graf Spee, para la fabricación de los mecanismos de tiempo de las cargas explosivas”. Veinte minutos antes saltaban del barco veinte marineros y su capitán Langsdorff,  y la gran nave acorazada se hunde ante los ojos incrédulos de miles  de personas. Al día siguiente, su capitán, oficiales y marinos llegan a Buenos Aires, siendo recibidos de la mejor manera por la nutrida colonia alemana y el pueblo argentino. El 19 por la noche, el capitán Langsdorff, escribe algunas cartas en su habitación del hotel, se vistió con su uniforme de gala, se envolvió con la bandera de Alemania y se disparó un balazo en la cabeza.

 

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