Apuntes de Nuestra Historia

Fernando Guzmán Zumaran

fernandoguzmanzumaran@yahoo.es

Rusos y alemanes, más amigos que enemigos

El 22 de junio de 1941 a casi diez meses de haber empezado la Segunda Guerra Mundial, empezó la operación “Barbarroja”, nombre clave que se denominó la invasión de Alemania a la Unión Soviética. Así se abrió el frente oriental en Europa, casi en su totalidad invadida  por los nazis. Rusia y su invierno  terminarían aplastando a la Alemania nazi, haciéndolos retroceder y terminando años después en el centro de un Berlín en ruinas. A los soviéticos esta guerra les costó más de 8,700,000 muertos. Por estos hechos, que enfrentaron con ferocidad  alemanes y rusos, se piensa que siempre fueron enemigos acérrimos y que nunca en la mitad de ese siglo se necesitaron mutuamente, y eso no es así. Los dos se encontraron después de la Primera Guerra Mundial como dos parias que nadie quería y  estas circunstancias ayudaron a que cimentaran importantes alianzas tecnológicas, económicas y militares.

Terminada la Primera Guerra Mundial, los vencedores y los vencidos firman el Tratado de Versalles el 28 de junio de 1919 donde responsabilizan de todo el daño económico, moral y de vidas humanas especialmente a Alemania. Pero Versalles, en lugar de traer la paz y tranquilidad para los años venideros, solo traería humillación, resentimientos y odios. Henry Kissinger en su libro “Orden Mundial” dice sobre Versalles: “Rara vez un documento diplomático ha estado tan lejos de alcanzar su objetivo como el Tratado de Versalles. Demasiado punitivo para la reconciliación, demasiado indulgente para impedir que Alemania se recuperara, este tratado condenó a las exhaustas democracias a la constante vigilancia contra una Alemania irreconciliable y revanchista, como asimismo contra una Unión Soviética revolucionaria”.

Así es como en 1922 se encuentran estos dos países. Alemania, “El malo de la película” pagando las tremendas indemnizaciones de guerra y la Republica Socialista Federativa Soviética, ya cimentados los Bolcheviques en el poder, siendo el “Apestado”, de la Sociedad de las  Naciones (antecesor de la ONU). Luego de algunas conversaciones de acercamiento e interés mutuo, los diplomáticos de Alemania y de la RSFS de Rusia firman el tratado de Rapallo el 16 de abril de 1922. En lo económico, Alemania renunció a reclamar los créditos concedidos en el pasado a Rusia, renunciar a todos los reclamos que tuvieran ciudadanos alemanes en Rusia y viceversa. Rusia le daría el monopolio del asesoramiento tecnológico alemán a la maquinaria militar Bolchevique. La cooperación también abarcaba la venta de materia prima de ambos lados para la industria militar.

Una cláusula secreta permitió a Alemania entrenar a sus tropas en territorio ruso y construir  armas prohibidas por el tratado de Versalles. Bajo la apariencia de concesionarias o empresas germano-soviéticas se crearon instalaciones para aumentar la industria militar alemana. Se crearon fábricas de municiones e instalaciones químicas. De todo esto la Unión Soviética se beneficiaba de los adelantos tecnológicos militares de la época. Y para poner la cereza al pastel, también secretamente, los alemanes contaron con aeródromos para los entrenamientos  militares de sus pilotos. En conclusión, los vencedores quisieron amarrar a Alemania de todo desarrollo militar, y a la Rusia comunista tenerla apartada de toda alianza. No lo lograron, y constituyo un gran fracaso diplomático para Francia y Reino Unido.

Llega la década del treinta y Hitler llega al poder en 1932, desconoce los acuerdos económicos del Tratado de Versalles y prepara su política expansionista en Europa. El diplomático francés Henri Berenger indicaba en 1921 que, en la próxima guerra: “El que es dueño del petróleo será dueño del mundo, porque el gobernará el mar por medio de los aceites pesados, el aire por medio de los combustibles ultra refinados, y los medios terrestres  de la gasolina y los aceites que iluminan”. Alemania importaba la mayor parte de su petróleo de los campos Rumanos en Ploesti y había empezado el desarrollo intensivo de combustible sintético, sobre todo a partir del carbón y  lignito. Pero para un plan gigantesco de expansión eso no era suficiente, necesitaba importar más petróleo e ir almacenándolos para futuras campañas. La Unión Soviética era el segundo productor mundial de petróleo en el mundo.

Entonces se volvieron a cruzar las miradas de cooperación e interés mutuo entre estos dos países. Así, se firma el 23 de agosto de 1939, el famoso pacto de no agresión y acuerdos económicos, entre la Unión Soviética representada por su ministro de exteriores, Viacheslav Molotov y el ministro de exteriores de la Alemania nazi, Joachim von Ribbentrop. Este tratado le proporciono a los alemanes, materias primas esenciales para la guerra en gran escala y alimentos para el pueblo alemán. Alemania recibió en bienes esenciales y materias primas estratégicas lo siguiente: 1.6 millones de toneladas de trigo y 1 millón de toneladas de soja.

También 900,000 toneladas de aceites vegetales y grandes cantidades de madera. Recibió 54,000 toneladas de caucho natural, fundamental para la fabricación de caucho sintético, medio millón de toneladas de minerales ferrosos, 300,000 toneladas de hierro,  chatarra, fosfatos para la fabricación de explosivos y acero. También recibió tungsteno, usado para el blindaje de los Panzer, y platino  con que se obtenía el ácido nítrico para  explosivos. La Unión Soviética recibió cientos de miles de toneladas en bienes industriales y un préstamo por más de 200 millones de Reichsmarks a pagar recién en 1946. Pero lo más importante para los rusos era los acuerdos secretos donde la Unión Soviética ocuparía los territorios de Estonia, Letonia y Lituania. También se repartiría una parte de Polonia, como sucedió siete días después, cuando Alemania la invadió y dio inicio a  la Segunda Guerra Mundial.

Pero para Alemania en su guerra a gran escala el petróleo que recibía de la Unión Soviética gracias al pacto Ribbentrop-Molotov ya no era suficiente. Necesitaba todo el petróleo de los rusos, y esa fue una de las razones para que Alemania traicione a su socio e invada  la Unión Soviética. A las 4.00 de la madrugada del día 22 de junio de 1941,  Stalin mudo y pensativo se reunía de urgencia con miembros del politburó. Hacían llamadas, pedían más información, no lo podían creer. Hasta que entro al despacho apresuradamente Molotov y dijo,  ¡el gobierno alemán nos ha declarado la guerra! La traición se había consumado, y aunque dicen que en algún momento Stalin traicionaría a Hitler, los alemanes se adelantaron, lo que los llevaría a la derrota final.

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