ARTÍCULO DE OPINIÓN

JAMES GAMARRA, DOCENTE DE LA FACULTAD DE NEGOCIOS de la universidad privada del norte

 

 

Implicancias de una Tercera Guerra Mundial

Aun cuando Estados Unidos e Irán parecen haber moderado la beligerancia de los últimos días, valga la ocasión para recordar las posibles consecuencias de un nuevo enfrentamiento global.

Hemos sido testigos de un acto bélico por parte de Estados Unidos contra Irán en el Medio Oriente. Expertos lo han descrito como una provocación por parte de dicha potencia logrando enfurecer a una nación que inicialmente amenazó con iniciar un conflicto sin precedentes que podría traer consecuencias muy graves para el mercado energético y la economía mundial.

Sin embargo, si bien es cierto esta sería una de las campañas militares más grandes desde la Segunda Guerra Mundial, no podría calificarse como una Tercera Guerra Mundial a menos que se involucren otras súper potencias mundiales.

Con respecto a Perú, somos una nación soberana con políticas externas de no intervención y en pro del diálogo. Mantenemos buenas relaciones comerciales con Estados Unidos, Rusia, China y la Unión Europea bajo principios de neutralidad en conflictos internacionales. Incluso hemos firmado un tratado que prohíbe el desarrollo de armas nucleares, teniendo de esta manera una fuerza armada más defensiva que ofensiva.

Esta neutralidad no libraría al Perú de los efectos mundiales que acarrearía un conflicto bélico. Los mercados internacionales se desplomarían de manera casi inevitable, dando paso a una nueva crisis económica global, ya que cualquier nación que decidiese involucrarse en términos financieros u armamentistas sería considerada como un objetivo. Las rutas marítimas y aéreas internacionales serían bloqueadas, limitando enormemente el intercambio comercial y dejando al Perú dependiente de su propia producción para satisfacer sus necesidades.

Por otra parte, un posible conflicto armado entre Estados Unidos e Irán también agravaría las condiciones climáticas en el planeta. Si se utilizaran bombas nucleares, esto conduciría al llamado “invierno nuclear” como producto de la acumulación de humo y polvo en la estratósfera, que además de los efectos de la radiación y contaminación provocaría años de sequía y bajas temperaturas que azotarían al mundo entero. A partir de este punto todo resulta incierto y no existiría un bloque ganador ni uno perdedor: el mundo entero perdería.

Quizá este probable escenario se convierta en un disuasivo que impida la escalada del enfrentamiento, como ocurrió en 1987 cuando Ronald Reagan y Mijail Gorbachov, entonces mandatarios de Estados Unidos y la ex Unión Soviética, suscribieron un acuerdo para desmontar los misiles de alcance intermedio instalados en territorio europeo.

Razones existen por tanto para hacer un llamado al diálogo y a la diplomacia, que siempre serán la vía adecuada para resolver cualquier tipo de conflicto y hacer que una nueva conflagración planetaria solo sea una posibilidad remota.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: