Cambios extraordinarios

En el caso particular del Perú, la crisis está removiendo ese estático piso de normalidad, de rutina, del “más de lo mismo”, estrechamente relacionado con el alto grado de conservadurismo y de resistencia al cambio, todo lo cual influye para que califiquemos como extraordinario lo que en otras partes del planeta puede ser rutinario.

La crisis originada por la pandemia del covid-19 es el quiebre hacia un nuevo mundo en el que todos nos veremos obligados a cambiar para encajar en él. Las relaciones interpersonales, la forma de hacer las compras, de estudiar o de trabajar nunca serán las mismas. Muchas labores que nos parecían normales tendrán que reformularse o hasta pueda que desaparezcan. Lo que las cumbres mundiales y acuerdos globales no lograron en décadas lo está cambiando un microscópico virus.

Entonces, ¿estamos preparados para el cambio? Por supuesto que sí, pero la coyuntura de aislamiento no nos permite –por ahora– ver más allá de las cuatro paredes en las que estamos encerrados. Los peruanos nos hemos enfrentado a situaciones tan duras y dolorosas como la actual, y las hemos superado; sin embargo, las instituciones públicas y privadas, las universidades, las escuelas y las familias están obligadas a no solo ver las formas de sobrevivir en medio del aislamiento, sino también a diseñar –desde ya– las reformas que necesitamos en todos esos niveles.

Los primeros hitos de ese camino de reformas están a la vista: las fallas estructurales detectadas en sectores como el de la salud y la educación son indiscutibles, y su atención debe ser impostergable. Del mismo modo, debemos encontrar maneras de reducir ese 73% (o más) del sector informal y –literalmente– hacer que exista formalmente, no solo a fin de que tribute, sino también para que reciba la atención que merece del Estado en situaciones de gravedad como la que atravesamos. La política en el Perú también requiere un giro radical, lo cual debería traducirse en el nacimiento de nuevos liderazgos.

Si queremos recuperarnos de esta crisis, estamos obligados a reformularnos, a reinventarnos como personas, como sociedad, como país. Lo que hasta ahora estamos acostumbrados a ver como extraordinario debe ser lo ordinario: una nueva sociedad que nos permita vivir, evolucionar y trascender.

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