COVID-19 Y “EL FIN DEL MUNDO”: RECORDANDO EL TAKI UNQUY

COVID-19 Y “EL FIN DEL MUNDO”: RECORDANDO EL TAKI UNQUY

Por:Dr. Ranulfo Cavero Carrasco

 

Ahora que sufrimos brutalmente la pandemia del coronavirus, no es raro que parte de la población andina crea nuevamente que se acerca “el fin del mundo”, en un intento de interpretar esta crisis en términos de sus matrices culturales (o de las relaciones simbólicas de orden cultural). De esta forma, un factor epidemiológico contribuiría a reavivar y acrecentar la “conciencia milenaria” en los andes, que es un padrón estable de respuestas a situaciones de crisis social y cósmica. Para entenderlo mejor, hacemos una retrospección hasta llegar al movimiento socio-religioso del S. XVI llamado Taki Unquy o Ayra (“canto y danza de la enfermedad”), estudiado inicialmente por Luis Millones (1964).

 

La conquista hispana de los Andes fue interpretada bajo los parámetros de la cosmología indígena tradicional: con la conquista se produce una “enfermedad cósmica”, es decir hay un desorden por la unión o mezcla (inapropiadamente equilibrados) del Hanan y del Hurin (arriba y abajo) como fuerzas cósmicas y hay una superposición de historias que originan tanto un desajuste cósmico como histórico. Esto marca el fin de un mundo, un Pachacuti, ante la ausencia de un principio mediador o unificador representado anteriormente por el Inca. Además, la población andina comenzó a padecer brutalmente muchas epidemias que trajeron los españoles, es decir los indígenas y la misma “sociedad estaba enferma”.

 

Es dentro de este contexto y dentro de esta matriz cultural que en la colonia temprana (es decir en 1560, en una “época de expectante incertidumbre”), se produce entre los indígenas del sur de Ayacucho (Soras y Parinacochas) un importante movimiento socio-religoso llamado Taki Unquy, donde la “conciencia milenaria” se traduce en acción involucrando a más de ocho mil indígenas en un lapso de doce años. Posteriormente, también se dieron otros movimientos socio-religiosos en la sierra andina con expresiones escatológicas parecidas: en Vilcashuamán, Aymaraes-Apurímac llamado Muru Unquy (1590), Antabamba (1591), Yanahuara (1596), etc.

 

El Taki Unquy buscaba oponerse a todo lo que era español y a toda manifestación de la religión católica, en el entendido que el Dios de los cristianos había vencido a los dioses andinos, lo que habia producido un desórden (catástrofe) cósmico e histórico y era urgente un NUEVO Pachakuti (no referido al Inca, sino como cambio del tiempo, como que “el mundo de vuelta” y se instaure un nuevo orden en los andes). Para la regeneración era necesario evitar contacto con todo lo que era español y su religión, y era urgente revitalizar la religiosidad ancestral dirigida por los “profetas” y chamanes encargados del reforzamiento del culto a las huacas organizadas dualmente, de encabezar los cantos y danzas escatológicas y otros rituales andinos.

 

El Taki Unquy tiene explicaciones políticas, económicas y religiosas. Pero aquí es necesario puntualizar que también hubo factores epidemiológicos y ecológico-naturales que lo desencadenaron.

Noble David Cook (1975) manifiesta que hay problemas en el estudio histórico de las epidemias del siglo XVI y del XVII.

Con estas limitaciones, presentamos una secuencia de estos morbos que vinieron básicamente con los españoles en la colonia temprana y diezmó particularmente a la población indígena del antiguo Perú (Cook, 1975; Urutia, 1985; Stern, 1986):

 

1524 : Epidemia, posiblemente viruela (entre sus víctimas estuvo el Inca Huayna

Cápac, padre de Huáscar y Atahualpa.

1531 : Epidemia, probablemente sarampión o viruela.

1541 : Morbo de sarna.

1546-47 : Epidemia de verruga.

1557-1559 : Morbo de influenza que llega de Europa. Viruela según Lastres (algunos dicen que fue en 1558.

1578-80 : Epidemia de sarampión, barrió el territorio de la región de Guamanga.

1589-91 : Morbo de sarampión y viruela. Según otros la viruela afectó en 1585.

1610-15 : Epidemia de sarampión.

1613 : Morbo de difteria y erisipela entre Huachos y Yauyos.

 

En la región, se sabe que los habitantes de Izcahuaca (Sondondo-Lucanas, al sur de Guamanga), perecieron en la colonia con una epidemia de “gripe asiática”; según otros, al mismo tiempo había azotado el paludismo y la viruela (Espinoza, 1995).

 

Por la documentación de 1586, se conoce que en el sur de Guamanga había varias aguas termales donde los indígenas y españoles se bañaban para curarse de sus enfermedades. A los baños de San Francisco de Pampamarca (Lucanas) iban desde lugares alejados para sanarse de “llagas, lepra y sarna” (Monzón, 1586).

Guamanga y más aún Lucanas y Soras no fueron ajenos a estos morbos, a pesar que las partes altas muestran, en general, una mayor inmunidad a ciertas epidemias. Son particularmente relevantes las epidemias que afectaron en 1557 y 1558-59, en vísperas del Taki Unquy, fenómeno que también resaltaron Marco Curatola (1991-1993) y Rafael Varón (1990).

 

Lo importante del estudio de las epidemias es el efecto ideológico que generan: sentimientos de inseguridad, augurios del fin del mundo, explosiones proféticas entre los indígenas.

No es descabellado que Marcos Cueto, a raiz de su interesante libro “El Regreso de las Epidemias. Salud y Sociedad en el Perú del siglo XX” (1997), vincule la epidemia de gripe con el Taki Unquy.

Además de los factores epidemiológicos señalados, es importante ver los factores ecológicos o naturales en la segunda mitad del Siglo XVI (Huertas 1988, 1980; Varón, 1990). En 1558 (dos años antes del Taki Unquy), se sintió en los andes las consecuencias del fenómeno del Niño. Otro similar se dio en 1578. En 1566, hubo un fuerte sismo según Middenfortt (1973), en aquella fecha ya se estaba desarrollando el movimiento del Taki Unquy. En 1582, tuvo lugar otro fuerte sismo que afectó a varios pueblos de Parinacochas (Alvarez, 1992). Lorenzo Huertas nos sugirió personalmente estudiar los efectos del paso de los cometas en la cosmovisión indígena (en efecto el cometa Halley lo hace cada 76 años, y fue en 1531 que pasó según Calancha. El 13 de enero de 1553 los indígenas vieron el percurso de otro cometa).

En una visión macro, hay que tener presente que los factores epidemiológicos, así como los fenómenos naturales y astrológicos, también fueron vistos, particularmente en la Europa del siglo XV, como anuncios o señales de catástrofes cósmicas y catástrofes históricas, y fueron asociadas con profesías y surtos milenaristas-mesiánicos (Koeningsberger, 1974; 1990).

 

Sin embargo (y para finalizar) debemos aclarar que el actual resurgimiento de la “conciencia milenaria” en los andes a raíz del COVID-19, no tiene nada que ver con la oposición a la religión católica como fue en el movimiento socio-religioso del Taki Unquy del S. XVI. Más bien la religión católica y la evangélica en sus distintas versiones serían otros importantes abrevaderos adicionales que favorecen a la explicación sincrética de las profesías y del “fin del mundo”. Ahí está una de las diferencias sustanciales.

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