Disfuncionalidad Familiar: Una realidad en familias de la ciudad de Trujillo.

Psicólogos del Bicentenario.

Para hablar de una adecuada salud mental, es pertinente tener en consideración, el estilo de vida del individuo. En tal sentido, las condiciones en las que una persona vive y se desarrolla dentro del grupo social denominado «familia», pueden ser considerados como aspectos trascendentales para que ese ser humano aspire a encontrar equilibrio en su esfera mental. El entorno más cercano (familia) es determinante para el desarrollo óptimo de las personas.

El equipo de Psicólogos del Bicentenario conformados por el Dr. Orlando Balarezo Aliaga, la Dra. Rosemary Guerrero Carranza, la Dra. Ana Cecilia Hueda Capristan, la Mg. Silvana González Rodríguez, liderados por el Dr. Walter Abanto Vélez, coordinador de la Escuela de Psicología de la UCV, realizaron un estudio con 906 jóvenes de 17 a 25 años de la ciudad de Trujillo, de diferentes casas de estudio de nivel superior (universidades).

El trabajo buscó conocer cómo los jóvenes perciben a los miembros de su familia respecto al nivel de funcionamiento de la unidad familiar de forma global. Se aplicó la prueba del el APGAR familiar, la cual evalúa cinco funciones básicas de la familia, tales como: Adaptación, Participación, Gradiente de recurso personal, Afecto, y Recursos.

Los resultados reflejan que el 24.50% (222) de los jóvenes evaluados tienen un buen funcionamiento familiar, el 32.89% (298) tienen una disfunción familiar leve, el 24.28% (220) tienen una disfunción familiar moderada y el 18.32% (166) tienen una disfunción familiar severa. Esto significa que el 75.50 % (684) se encuentran entre un nivel leve y severo de disfuncionalidad familiar, lo que nos da a entender que un alto porcentaje de los evaluados tienen limitaciones en la utilización de recursos intra y extra familiares para resolver problemas en situaciones de estrés familiar o periodos de crisis.

Los jóvenes perciben que sus familias no muestran cooperación o ayuda en la toma de decisiones o en las responsabilidades relacionadas con el mantenimiento familiar y no contribuyen en el desarrollo de la madurez física o emocional; refieren que entre los miembros de la familia les cuesta mostrar afecto de manera espontánea.

Finalmente, los resultados reflejan que los jóvenes perciben que en sus familias no se dedica tiempo para atender las necesidades físicas y/o emocionales (muestran poca dedicación en compartir espacios). Frente a esta realidad, es importante que nuestras autoridades, tanto regionales como locales, presten atención al grupo social primario “familia”, implementando programas y campañas que apunten al desarrollo de la llamada célula básica de la sociedad, lo cual va a repercutir en la salud mental y en el establecimiento de calidad de vida en nuestra población.

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