El baúl de la pluma

Andrés Valdivia Chávez
Profesor en la Universidad Nacional de Cajamarca
Especialidad: Lengua y Literatura
Bachiller en Educación, Maestro en Ciencias y Doctor en Administración de la Educación
Correo electrónico: andresvalch@hotmail.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

NUESTRA UNIVERSIDAD NACIONAL DE CAJAMARCA. Una historia para no contar

Por Andrés Valdivia Chávez

Una historia para no contar, o también simplemente 59 Aniversario de nuestra Universidad Nacional de Cajamarca, podría haberse titulado al presente texto, sin embargo el deseo es la evocación pincelada de algunos sellos de una humilde existencia con el nacimiento de nuestra querida UNC.

Cursaba yo, el Primer Año de Secundaria Técnica, en el INEI N° 5 (hoy “Rafael Loayza Guevara”). Y, el oficio que aprendía, era Carpintería.

Corrían el año 1962. Año que la memoria evoca. Este año se convertía en histórico en Cajamarca y en mi vida, pues, la Universidad Nacional Técnica de Cajamarca (UNTC), iniciaba su funcionamiento oficial con la Facultad de Educación, Ingeniería Civil y Medicina Rural, en locales prestados: la Facultad de Educación se ubicaba, en el local de nuestro Instituto Nacional de Educación Industrial (INEI N° 5). Justamente, en el Aula del Primer Año, en mi aula donde yo estudiaba, en las mañanas los cursos generales de la Secundaria Técnica y por las tardes, estudiaba y aprendía Carpintería (Trabajos en Madera).

Digo estudiaba y aprendía porque en los talleres de las tardes teníamos clases teóricas y práctica de taller. En las clases teóricas aprendíamos a dibujar croquis y planos de los trabajos que en la práctica debíamos construir.

Conocíamos y dibujábamos las herramientas a manejar en la práctica de taller. Y, en estas horas de taller, manejábamos las distintas herramientas de trazos, de corte, de labranza y/o de tallado, para construir los trabajos que durante el año nos asignaban nuestros maestros.

Allí conocí y fueron mis insignes maestros: el Colorau Rodríguez, que siempre enseñaba a Primer Año, al Profesor Chuquimango, que también siempre enseñaba a Segundo Año y al emblemático y carismático Segundo Cuenca Vega-Bazán que estaba a cargo de Tercero, Cuarto y Quinto.

Él era un poco temido. Yo, francamente, le tenía miedo por lo que decían sus alumnos; sin embargo cuando llegué a serlo no era malo como se le creía y lo pintaban. Yo  descubrí que él se distinguía por su exigencia, su pulcritud en la enseñanza, el refinamiento en la confección y presentación del mueble. Me di cuenta que era buena gente. Pero, a quién le gusta la exigencia. ¿Mucho más hoy? Nos estimábamos. Vio que me gustaba el oficio.

Algunas veces, él en sus clases o en el taller, me distinguía diciéndome: “Valdivia, tú eres buen alumno. No te des al juego, si no, no tendrás diploma”.

Efectivamente, yo como muchacho era juguetón, inquieto y bromista con quien se llevaba conmigo. Les calificaba 20 a los trabajos o láminas de mis compañeros, después que nuestro profesor nos calificaba o antes que ellos.  Algunos de mis ellos sacaban 08, 11,… Yo les calificaba 20 y firmaba, como ellos también me las hacían.

Cierta vez, hubo un sanpablino: Gálvez, alto, flaco, un poco blanquiñoso (manganzón se le veía); habíamos aprendido, en teoría, los ensambles y elaborado nuestras láminas para dar cuenta al maestro Chuquimango sobre nuestra puntualidad.

Yo vi y revisé el trabajo de este flaco y observé que el dibujo estaba bien, pero no era cabal la escritura: el nombre del ensamble, este era: Caja y Espiga, pero él había escrito caja con g (ge) y, ya se dan cuenta lo que se leía. Entonces, rápidamente, leí y califiqué 20, lo encerré en un círculo e hice un garabato como firma.

El me vio enrollando su lámina. Yo corrí a mi banco para trabajar. La cogió. Vio el 20. Y nada más que fue corriendo al profesor Chuquimango y qué le diría. Yo a lo lejos solo vi actitudes y movimientos. Miraron a mi banco, y el profesor me llamó:

  • Valdivia, venga acá –dijo sonriéndose.

¡Qué raro! Fui ante ellos, un poco asustado, y el profesor me dijo:

  • Muy bien Valdivia, lo felicito por ser observador y saber, pero esto no se merece (mirando a Gálvez) un 20 sino esto y calificó 05, lo encerró en círculo y firmó.
  • Pero, profesor, dijo el flaco…
  • Qué pero ni ocho cuartos. Mire lo que ha escrito.

El Flaco que, así lo apodábamos, bajó la cabeza y fijó la mirada en la palabra que el maestro señalaba. Soltó una carcajada, -Disculpe, profesor- dijo y me abrazó… reímos todos.

La anécdota narrada lleva una coincidencia de cuidado en el escrito y en el cuidado de lo que nos asignaban los bienes de uso y herramientas.

Este hecho coincide con el cuidado responsable e individual de la carpeta unipersonal del Primer Año que el colegio nos asignaba. Los universitarios de la Facultad de Educación ocupaban mi carpeta; a veces, la dejaban con una rayita, letra  u otro garabato. Me impacientaba al borrar.

El tiempo parece que en raudo vuelo pasaba y los universitarios se fueron de nuestro claustro, a algún recinto alquilado o propio quizá de la Universidad Técnica de Cajamarca (UTC).

Los universitarios que se fueron, me dejaron como sello en mis ojos, en mi mente, en mi emoción la imagen y el constante deseo de ser yo también universitario. Sin embargo, el tiempo parecía no pasar, ni moverse de ese estadío.

Esa emoción anidada en mi ser, me obligaba estudiar, estudiar un poquito más de lo necesario. Y en ese Primer Año de deseo, con mucha humildad, a fin de año y ocupando el 2° Puesto en el Cuadro de Honor, me llevé a casa tres diplomas: dos por aprovechamiento, una en Estudios Generales de Secundaria Técnica y la otra en Taller. La tercera por Conducta.

Pasó el tiempo y me vi en Quito Año, como en un tris tras, pero en abril y los primero días del año, me enteré que los Primeros Puestos de la Promoción del año anterior no ingresaron a la UTC porque la institución universitaria les negó sus inscripciones por ser de Secundaria Técnica.

Mi anhelo rodó por los suelos. Mi ilusión de se hizo trizas. Qué hacer, pero si yo quería ser universitario y ser profesor de Matemática. ¿Ilusión perdida? Mi cabeza loca, como siempre me hizo decidir luego: pedir mi cambio al Quinto de Secundaria Común en  San Ramón. Me ofrecieron el traslado, pero tenía que rendir 14 exámenes de subsanación de distintas  asignaturas por diferencia curricular para realizar mi traslado.

Fue un tedio: un profesor que no está, que el otro está de licencia, otro que todavía no llega o que si vendrá; otro, vuelve más tarde o mejor mañana porque ya es tarde, otro profesor aprobarás pues cholito, mi curso es difícil, ciencias pue´…

Yo, impaciente: que me tomen el examen, quiero dar mi prueba, el tiempo ya pasa…, al final:, aprobaste, cholito, todos los cursos. Anda habla con el Director y matricúlate en Ciencias. Muy feliz, contentísimo: seré profesor de Matemática, me decía a mí mismo. El Director:

  • Te felicito, Andrés, qué buen cholo, me aprobaste todos los cursos de ciencias. Qué bien, anda matricúlate en Letras
  • No pues, don Luis, cómo va a ser en Letras, yo le dije que quiero Ciencias porque quiero ser profesor de Matemática. Quiero estudiar en la universidad.
  • Ah, sí me acuerdo, pero no hay traslados o pases de ninguna parte ni para nadie. Pero don Lucho, yo le dije, Ciencias.
  • No hay, Andresito. No hay, cholito.  No pierdas el tiempo… Anda a Letras.
  • Pero, don Lucho… – (Mi cabeza ardía en humo) En el día yo no quiero Letras, don Lucho, usted como Director debió guardarme mi vacante en Ciencias y no Letras.
  • Es que también te has demorado mucho, pues.
  • Pero no es mi culpa, ya le dije…Es de los profesores, tanto se han hecho de rogar… y se han demorado para tomarme mis exámenes. Son 14 exámenes que he dado y todos los he aprobado para nada?
  • Ya te dije, anda a Letras.
  • Yo quiero Ciencias en el día, ya le dije y para Letras mejor me voy a la Nocturna…
  • Pero ahí vas a estudiar un año más…
  • No importa, me voy don Lucho, así no se hace a los vecinos.

Bajando las gradas del 2° piso del Colegio San Ramón suspiré hondo… Me resigné para volver a gestionar a la nocturna, a matricularme en Letras y estudiar un año más de secundaria.

En julio casi abandono los estudios de la Nocturna…Me chocó la noche. Era un tedio soportar la noche… pues yo dormía a las 8 o 9 p. m.  al estudiar en el día y estaba de pie a las 5 o 6 de la mañana.  Mas aún, hoy tenía que trabajar desde las 8 de la mañana hasta las 5 de la tarde.  En mi casa me llamaron severamente la atención por el desatino que cometía con mi famosa actuación. Sin embargo, esto me comprometía exigirme más, más y más. Así lo hacía. Así lo hice.

Ahora, qué especialidad estudiar en Letras y en la UTC. Otro devanar de la cabeza. Una y otra vez escribía el nombre de las especialidades. Borraba y escribía para seleccionar…, al fin, me encontré conmigo mismo y seleccioné: Castellano y Literatura, y me dije, con esta tendré  éxito: Y así fue, es y será.

En 1968 ingresé a la UTC, en el 7mo puesto para estudiar Lengua y Literatura. 1970 es el año de mi decisión de ser Profesor Universitario, con plena admiración a grandes maestros universitarios de ese entoncesque me enseñaron, entre ellos: Doctor Zoilo León Ordóñez, Jorge Díaz Herrera, Eduardo González Viaña, Félix Quesada Castillo, César Alipio Paredes Canto y Manuel Ibáñez Rosazza.

Ellos, mis maestros, me incentivaron con su sabiduría y don de personalidades, emblemáticas y de gran saber. 1990 es el año de concurso y de mi ingreso a la Universidad Nacional de Cajamarca, contratado a Tiempo Parcial: 7 horas; al año siguiente (1991), nuevo concurso para Tiempo Completo y extensión de contrato, para ello renuncié a mi condición de nombrado en el Colegio San Ramón. Después de 5 años, nuevo concurso para nombramiento: concurso ganado.

Desde ese tiempo el ánimo, me mantiene en pie, pues me prometí ser nombrado y jubilarme en mi querida Universidad Nacional de Cajamarca. Que hoy al recordar y celebrar este 59 aniversario, hasta lágrimas se desparraman por mis mejillas de puro agradecimiento y felicidad, por haberme DIOS dado tanto, sin yo le dé nada, más que mis oraciones y ofrendarle mi fe y molestarle pidiéndole bendiciones para nuestra Alta Casa Superior de Estudios, para nuestra Alma Mater, pues ella inspira y continuará por siempre inspirando a la juventud a ser grandes para sí mismos, para la familia y para la Patria.

Ella mi inspiró, ella me formó, ella me mantiene vivo y de pie, triunfante y exitoso. Ella, nuestra UNC, mis amigos y toda la familia universitaria vivamos al amparo de ella, continuemos velando por ella, en procura de llevarla a la cima y norte de la sabiduría,  junto al pueblo y con el granito de arena que todos podamos aportar y construir.

Nuestra universidad inspira, construye, hace visionar y emprender. FELIZ ANIVERSARIO. VIVA LA UNC

 

 

 

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