EL CIEGO DE JERICÓ

Dr. Javier Colina Seminario

Contacto: jcolinaseminario@gmail.com

DE FRENTE Y DE PERFIL

Hasta hace algunos años los candidatos a cualquier cargo debían cumplir requisitos. Luego vino la postmodernidad y nos dijo que estábamos equivocados, que no eran requisitos los que se necesitaban si no el perfil[1] del candidato. Entonces quien postula ahora a un puesto de trabajo o a un cargo por elección debe ahora presentar su perfil en sociedad. Confieso que esa moda me dejó desconcertado, porque en mi limitado conocimiento lo más cercano al perfil eran las fotografías para la decimonónica Libreta Militar y quizás la fotografía de la escultura de la cabeza de Nefertiti –convenientemente girada- que había en mi libro de Historia Universal. Más desconcertado estuve cuando reparé que el perfil es el contorno expuesto del objeto, los límites visibles, la epidermis. El continente no el contenido. La forma y no el fondo. Lo cierto es que los perfiles se impusieron y vinieron a sustituir las competencias requeridas para pretender una ocupación.

En esta ola de perfilitis los promotores de los candidatos a presidente de la república -los entusiastas, los rentados y los interesados- se esmeran en hacernos llegar por la prensa y las redes sociales los perfiles de los candidatos. Jamás nos hacen saber algo del partido político que los postula y menos aún, nos dan información sobre esos ilustres desconocidos que son los candidatos a las vicepresidencias (síntoma de caudillismo). En los perfiles abundan las menciones a los estudios, las virtudes, la familia, los premios, y los logros del candidato. A veces también sus alegrías y sus penas. Empero, en lo que la mayoría de los perfiles falla es en presentar al político que necesitamos.

¿Es que acaso necesitamos un político? Probablemente en el Perú no nos hemos dado cuenta, que a quien vamos a elegir el 11 de abril es a una persona para que ejerza el cargo político de Jefe de Estado. No lo vamos a elegir para que sea el presidente del directorio de una empresa, ni para que ponga a prueba su MBA; tampoco para que presida una ONG de Derechos Humanos, o ser el CEO de una gran agencia de empleos. Se trata de gobernar un país y eso es llanamente POLITICA. Que incluye parte de lo anterior pero mucho, mucho más. Por tanto, nuestro primer aprendizaje es que -nos guste o no- vamos a ungir a alguien como político en la más alta magistratura del país. Lo demás es anarquía.

Por ello, creo que lo más importante del perfil de un candidato a presidente y de su equipo es entender que gobernar es el despliegue de toda su esfuerzo y capacidad de servicio para lograr el Bien Común. El Bien Común -esa categoría hoy ausente de la agenda pública- es el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las comunidades y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección[2]. Es decir, el Bien Común persigue poner las bases para la realización integral del ser humano. Y no excluye a nadie.

El Bien Común se logra necesariamente con buena política. En palabras del papa Francisco la buena política es un proyecto para todos. La justicia y la libertad se van construyendo en la continuidad y estabilidad de un proyecto político común y democrático; en el que el diálogo es una herramienta permanente y no un pulseo de poder con los codos derechos sobre la mesa. Diálogo en el que hay acuerdos, cesiones y concesiones sin que se acuse de repartija. Diálogo sobre la base de una visión de país, en el cual se va ajustando el proyecto para todos.

Como muchas cosas en la vida, para ser un buen político se debe comenzar a hacer política desde el nivel más elemental. Es decir, el político va construyendo la noción del Bien Común desde su experiencia en la solución de los problemas de pequeñas comunidades y poco a poco se va ascendiendo en la comprensión y atención de problemas más grandes. Los países que han sido más exitosos con sus gobernantes han seleccionado los candidatos entre quienes han tenido trayectoria política como líderes comunales, municipales, regionales, federales y parlamentarios. Merkel, Macron, Churchill, Kennedy, Mujica, Indira Ghandi son algunos ejemplos. Todos ellos han sido buenos Jefes de Estado, que antes han hecho trayectoria en la función pública de la mano de un partido político. No son fruto de la improvisación, ni del voluntarismo. Incluso Sebastián Piñera tuvo un camino parlamentario antes de llegar a ser Presidente. No fueron sus méritos empresariales los que lo catapultaron a la Presidencia, sino su andadura política.

En nuestro medio muchos creen que se pueden y se deben saltar esas etapas. Que la política no es una dedicación a tiempo completo, sino una inspiración súbita; que aparece el gusanillo de la política después de haber tenido otros logros en la vida. Y, como dice mi madre siempre hay un roto para un descosido, este nuevo mesías encuentra un bolsón de asustados y desesperados que están a la expectativa del outsider que los salve. El personaje iluminado que se declara no político, y que se presenta sonriente a mostrarnos su trayectoria empresarial, académica, militar, religiosa o deportiva, y sus incólumes valores. Todo lo cual puede ser cierto, pero de ninguna manera nos pronostica un buen político.

Empero, estos personajes se desnudan moralmente en sus primeros actos electoreros, cuando vemos que recurren al alquiler o compra de vientres políticos, a la negación del pasado y al uso del maquillaje de los símbolos partidarios, al reclutamiento al barrer de tránsfugas profesionales, entre otras prácticas lamentables. Todo ello nos da una muestra de su mínima ética pública y de sus pocos escrúpulos políticos. Esas prácticas nos advierten del estilo de gobierno que llevarán a cabo si ganan las elecciones. Lamentablemente, ejemplos hemos tenido muchos en las últimas décadas.

El ciudadano debe tener conciencia que el derecho a elegir es un compromiso social y no un acomodo personal. Por ende, se debe votar de manera ética y principista. Este 11 de abril no desperdiciemos la oportunidad de votar pensando en el Bien Común. Esa noche dormiremos un poco más tranquilos.

[1] Es una mala traducción del inglés profile.

[2] Constitución Gadium et Spes. 63

 

A %d blogueros les gusta esto: