EL CIEGO DE JERICÓ

 

Dr. Javier Colina Seminario

 

Contacto: jcolinaseminario@gmail.com

 

EN ESTADO INTERESANTE

Javier Colina Seminario

Hasta hace unos años era frecuente escuchar que una mujer que estaba esperando un hijo en su vientre se encontraba en estado interesante. No era, claro está, una expresión popular pero tampoco un innecesario cultismo y menos –como podría creerse- un eufemismo para no describir en forma clara el estado de embarazo de la mujer. Por el contrario, con la frase se quería destacar de manera positiva una condición especial y destacada de la mujer ante un evento natural como es la dulce espera (este si es un eufemismo).

En principio decir que una persona está en un “estado”, cualquiera que sea denota una situación actual. No pasada ni futura. Si no que convoca la atención y las miradas en el presente, en tiempo real como se acostumbra decir ahora. Por ende, decir que una mujer está en estado interesante, implica que hay una mirada vigente sobre su condición. Independientemente de su pasado y de lo que vendrá después.

Pero, lo más resaltante de la frase es cuando expresa que su estado es “interesante”. Claro está que para su familia, su pareja y para ella misma el embarazo suscita el mayor interés. Eso es algo natural, alentado por los intensos vínculos afectivos que se dan en las relaciones familiares y conyugales. Pero la frase tiene más que eso. Cuando se dice que una mujer está en estado interesante se le está dando una calificación social. Es decir que para la sociedad la mujer embarazada convoca el interés de la comunidad. El embarazo se convertía así en un asunto público, que trascendía la esfera íntima y familiar para que la sociedad ponga su atención y su protección en la mujer y el ser que se está formando en su vientre. Resumiendo: el embarazo es de interés social.

Y esto no es otra cosa que una reacción comunitaria ante el instinto de conservación de la especie. Es decir, a la humanidad le interesa la preñez de la mujer –de cada mujer- y que, por supuesto, el proceso llegue a buen fin con el nacimiento de un nuevo ser humano. No hay en eso nada de mórbido ni meramente afectivo. Es una reacción social más racional de lo que algunos están dispuestos a aceptar. La noticia del embarazo y el parto normalmente es motivo de alegría compartida socialmente y de buenos deseos. Nadie felicita un aborto.

Por el interés público del embarazo es que poco a poco la humanidad fue creando de manera natural mecanismos de apoyo a la mujer embarazada y la asistencia que ella requiere. Según el evangelista Lucas, María la madre de Jesús asistió a Isabel –madre añosa dicen los ginecólogos-  para apoyarla durante tres meses de su gestación. Pero también el Estado, que es la expresión jurídica de la sociedad, históricamente ha ido creando y aplicando políticas públicas destinadas a garantizar las buenas condiciones de la mujer embarazada. Es así que casi en todos los países las autoridades de salud tienen programas de control del embarazo, poniendo énfasis por ejemplo en la alimentación de la gestante; asimismo, las autoridades laborales establecen normas de protección para la gestante que trabaja como el descanso prenatal, horarios y condiciones especiales, de modo tal que no se afecte el proceso de gestación. Esto es lo que ha hecho y defendido la sociedad y el Estado Moderno durante décadas y lo ha hecho bajo la lupa del estado interesante –de interés público- de la gestante.

Por ello, no deja de sorprender como es que periódicamente salta a los noticieros las defensas encarnizadas que se dan en varias partes del mundo para avanzar en políticas de libre aborto, como sucede actualmente en Argentina. Parece que para los partidarios del feminismo radical el embarazo dejó de ser un estado interesante. No hay más interés social. Se encarpetó el derecho a la vida y de paso el instinto de conservación de la especie en aras de un individualismo, sin compromisos sociales y ajeno a las responsabilidades.

Recordemos que el punto de inflexión en el comportamiento de Mad Max (Mel Gibson, 1979) se da luego de la impresionante escena en que los villanos matan a su hijo en la carretera y dejan a su esposa moribunda. Estos hechos provocan en Max una profunda transformación moral, donde el deseo de venganza y destrucción se impone. Así, cuando la sociedad normalice la degradación de la maternidad (con los dos sujetos que ella implica: la madre y el niño por nacer o nacido), entonces no nos sorprendamos que la reacción sea que se imponga entre nosotros un espíritu destructivo. Si no queremos esto, recuperemos el sentido de la expresión en estado interesante.

 

A %d blogueros les gusta esto: