*El inmortal Borges*

*El inmortal Borges*

 

_Por Ramiro Sánchez Vásquez_

 

“El inmortal”, notable narración de Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 1899-Ginebra, 1986), incluida dentro del su libro “El Aleph” (1949), permite al lector recorrer más de diez mil años de Historia Universal, en poco menos que diez páginas.

Cada línea nos traslada a diferentes momentos del ir y devenir de la acción humana. Incluso, con maestría hace referencia al más grande libro de aventuras de todos los tiempos, “La odisea”, poema épico escrito por Homero, un rapsoda ciego.

 

Borges se luce en el desarrollo de “El inmortal”, aborda los temas que generan pasión en el ser humano como el control del tiempo, el desafío a la muerte, la identidad y el reconocimiento, así como la comprensión del universo.

 

Leer “El inmortal” transmite miedo, desesperación y deslumbra a la vez, despertando el sentido morboso de saber qué pasos da el protagonista, y si logra su objetivo o no. Es imposible frenar su lectura una vez iniciada la travesía en busca de la inmortalidad, el lector se convierte en el privilegiado testigo de esta odisea.

 

El protagonista, es un soldado romano, decide emprender un viaje hacia un mítico cauce donde podrá beber las aguas que le otorgarán el poder de vencer a la muerte.

 

Ese recorrido lo conduce por un mundo sombrío, donde la locura es su verdadera compañera. Al final, descubre que la vida es un tormento constante, y que la inmortalidad solo es una cadena de esclavitud.

 

El recorrido que realiza es tortuoso, y los mundos que visita son poco menos que apocalípticos, así como siniestros los personajes que encuentra en su andar. La desesperación está presente, pero el deseo de lo prohibido genera grandes pasiones y despierta grandes fuerzas ocultas, Borges lo demuestra.

 

Muchos escritores, o aspirantes a ello, intentan escribir como “El divino ciego”, Borges, que pareciera haber colocado un sistema de medición para establecer que palabra debe ir, y cual ser omitida en cada línea, de tal forma, que proyecta imágenes vívidas en el lector, y recrea emociones en el corazón. Sin duda, leer este texto, duele y desespera, pero al llegar al final, uno siente la mayor de las satisfacciones: haber viajado en una verdadera cápsula del tiempo.

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