EL TRISTE BALANCE DE LAS MARCHAS DE NOVIEMBRE

 

 

La etiquetada generación del bicentenario, hace exactamente un mes, llenaron de pintas el Centro Histórico de Lima con lemas plagados de faltas de ortografía pidiendo “¡Democracia!” sin saber estos pobres incautos que ya la tienen.

Exigen “nueva Constitución” y la vigente nunca leyeron; “No a la modificación de la Ley Universitaria” que nunca estuvo en agenda. “No amnistía a Antauro”, cuando es un imposible jurídico; pensando que dañando el patrimonio cultural cambiarían el curso de la Historia.

 

La perversa manipulación de la izquierda sibilina y del Partido Morado, con la complicidad de los medios de prensa sometidos a la vil pitanza de vender su pluma y alma, alentaron los innecesarios actos de vandalismo contra Lima, levantando los pisos de cerámica esmaltada que embellecían varias cuadras del Centro Histórico como atractivo turístico; y dejando lemas con spray en paredes de inmuebles monumentales declarados patrimonio cultural, entre otras barbaridades.

Y para refucilarse de su protervo éxito, el Partido Morado, con su representado Alberto de Belaunde, en esta sonada vociferaba” han desaparecido noventa ciudadanos “, desmentido totalmente por la Defensoría del Pueblo. Este irresponsable parlamentario cometió el delito contra la paz pública en disturbios penado por el CP Art. 315, por lo que debe ser procesado por la gravedad de sus hechos.

Como este complot necesitaba héroes, el destino le dio dos jóvenes fallecidos, quienes de inmediato fueron exaltados como mártires del bicentenario, burda maniobra que la Historia como ciencia no dejará pasar por alto, ya que para mala suerte ambos tenían antecedentes judiciales y policiales por comercialización de TID y hurto agravado.

Según los criterios pervertidos de este grupo político, en un cobarde cargamontón, responsabilizaron de inmediato a la Policía Nacional del Perú, cuyos efectivos tienen más de 500 fallecidos como resultado de mantener el orden durante la cuarentena por COVID, mal alimentados y con equipamiento insuficiente de bioseguridad para cautelar la salud pública haciendo cumplir las medidas sanitarias para esta epidemia.

La elección de Sagasti como Presidente Transitorio, completó el atropello contra las fuerzas policiales, cuyo ex ministro del Interior, en una purga “stalinista”, mandó al retiro a diecinueve generales y muchos oficiales, con el único espíritu vengativo de su familiaridad terrorista.

Esta conjura político-social tomó como excusa el defender a Martin Vizcarra ante su vacancia, sin tener en cuenta que este nefasto personaje, a la suma de delitos bajo los cuales gobernaba oscuramente, agrega uno que lo va a descalificar eternamente en la historia de los anales políticos del país, como lo es el atentar contra salud de la Nación.

La concepción del Estado constitucionalmente está basada en el territorio y la Nación, siendo esta última la más importante y sobre la cual descansa la permanencia como país. Todos los gobiernos del mundo tienen por principal función conservar su capital social, tarea que se encuentra en todas las normas constitucionales, leyes de salud y tratados internacionales. Vizcarra ya tiene un perfil genocida, porque su incapacidad y la de sus ministros frustraron la adquisición oportuna de las vacunas contra el COVID.

Ello significará a el fallecimiento de otros miles de peruanos, zozobra y angustia social en la población, nuevamente saturación del Sistema Médico Sanitario del país, y un retroceso en la recuperación económica que perjudica al sistema productivo, menos captación de impuestos y menos inversión pública.

 

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