ESTAFA POLITICA

ESTAFA POLITICA

En un pasado reciente, los políticos iban presos por sus ideas, y ahora por sus delitos. Los primeros lograron la democracia, las garantías individuales y derechos humanos, la educación gratuita y obligatoria, la jornada laboral de ocho horas, la jubilación, y otros logros que gozamos en la actualidad.

 Los otros -que desde unos años atrás a la fecha enfrentan temas graves de naturaleza judicial en agravio del Estado- desde la oscuridad de su accionar continúan participando en la política nacional con un cinismo inadmisible.

                         Julio Ubillus, fue procurador del Congreso de la República.

Pareciera que la agenda está marcada por una continuidad sin solución de escándalos vinculados a procesos penales, frustrando los proyectos de desarrollo que son los que competen a todos los gobiernos.

Sin embargo, desde hace 50 años atrás, lo único que conocemos son las fechorías políticas. El ex presidente Vizcarra, haciendo gala de atrevimiento, manifestó ante la opinión pública durante su defensa en el Congreso de su última sesión de vacancia, que es un riesgo de la función el estar procesado.

 

Sin embargo, el Congreso se encontraba peor, ya que había 68 Congresistas que deberían rendir cuentas a la justicia. Es decir, se utilizó un lenguaje lupanesco para justificar su accionar delictivo.

No causó sorpresa que después de la vacancia salieran en su defensa cerrada al unísono una serie de opiniones, tales como que era mejor “dejarlo que termine su mandato“.

 

La población no tuvo ninguna valoración moral ni ética en tratar de sostener a un presidente permanentemente imputado en decenas de delitos desde que ejerció el cargo como gobernador Regional de Moquegua y luego como Presidente de la República.

La explicación es sencilla: los bonos reiterativos y multitudinarios a la población, la inyección de reactivación a los sistemas empresariales, y la subvención a los medios que vendieron su pluma y su alma.

Este extraño fenómeno hace recordar al peor momento de la población argentina, cuando pintaban las paredes con el lema “ladrón o no ladrón, queremos a Perón”.

Es así que es una verdadera despersonalización de las masas, como señaló Ortega y Gasset, y se volcó a las calles pidiendo la renuncia de Merino. Un sector de los manifestantes fueron los tontos útiles de siempre.

Otro, un grupo de subvencionados que vienen de muchos sectores públicos, como por ejemplo el Ministerio de Educación, que tiene cerca de diez mil cargos  de confianza y setenta y cinco mil pulpines contratados. También infiltrados de Sendero Luminoso, y por último, una prensa genuflexa y vil que alentó los desmanes, inventó falsos héroes, y calumnió a la PNP.

El argumento era una “nueva Constitución”, cuando el 99.9% de los peruanos   nunca la ha leído, siendo el libro menos editado y leído pese a que es la “Biblia de la Democracia”.

También azuzaron a la población universitaria aduciendo que iban a derogar o modificar la ley universitaria, y que habían más de noventa desaparecidos que se encontraban en sus casas o divirtiéndose con amigos.

La intención era obligar a renunciar al presidente Merino para llevar a Sagasti, en un verdadero complot entre Guzmán y su partido Morado, y el partido sin rostro criollamente llamado “Caviar”.

El epílogo de toda esta absurda asonada nos lleva a una desesperanzada elección de un próximo presidente, todos ellos descalificados moral y éticamente, con cínicos que pretenden entrar al parlamento para blindarse y no ser enjuiciados, con candidatos aventureros que siendo arquero de fútbol  quiere llegar a ser presidente, con violentistas como Antauro y Urresti, y otro veintidós candidatos que nadie conoce  Realmente el panorama es desolador al entrar al bicentenario de nuestra independencia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: