¿FIESTA ELECTORAL, FIESTA COVID O FIESTA SEMÁFORO?

¿FIESTA ELECTORAL, FIESTA COVID O FIESTA SEMÁFORO?

La fiesta electoral que se inició no trae muchas razones para festejar. Con 24 seudo partidos políticos en carrera, presentarán 72 candidatos a la presidencia y vicepresidencias, 120 postulantes al Parlamento Andino y 3,312 al Congreso de la Republica.

Totalizando son 3,312 ciudadanos de dudosa preparación y solvencia moral, no por prejuicios, si no por razones estadísticas. Ningún partido tiene suficientes cuadros de calidad para ofrecer tantos candidatos, el ideal siempre será sumar esfuerzos y en el caso peruano, con mayor razón.

Juan Carlos Eguren, excongresista.

Este archipiélago nos lleva a que, por efecto de la fragmentación, pasen a segunda vuelta dos candidatos con aproximadamente 20% de preferencias, donde uno de ellos terminará siendo presidente contando solo con la quinta parte del electorado que lo respalda comprometidamente, es decir, sólo llegará a ser “el mal menor”, con legalidad pero bajísima legitimidad.

 

En el ámbito parlamentario tendremos un Congreso fragmentado donde el gobierno electo no tendrá mayoría y obvias dificultades de gobernabilidad.  La onda expansiva de la atomización alcanza a los equipos técnicos encargados de los planes de gobierno y ulteriormente a los de soporte en la futura gestión gubernamental.

Este escenario nos trae a la mente las famosas “fiestas semáforo” donde interactúan todos contra todos, en relaciones temporales y sin compromisos de largo plazo y/o a las más recientes “fiestas Covid ”caracterizadas por ser mal vistas por todos, excepto por sus participantes.

Dentro de lo malo señalado, la alternativa con miras a la segunda vuelta electoral pasa por la promoción de “alianzas de gobierno” entre las opciones que comparten una agenda prioritaria. Ello debiera ser un esfuerzo ineludible no solo de los partidos sino de todos los agentes económicos y sociales.

Los retos que tenemos se ven amenazados por recientes acontecimientos electorales: en Bolivia (continuidad del partido de Evo Morales) y el cambio de Constitución en Chile, que podrían replicarse en el Perú.

Estos riesgos intrínsecamente traen aparejadas oportunidades para el Perú, para captar mayor participación en las inversiones que se realicen en la región a expensas de los países vecinos incluyendo Argentina y otros. Las cartas están echadas y no hay nada que hacer pero, con ellas, podemos armar un buen juego y ganar la partida.

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