GENERACIÓN X: “NO HEMOS PERDIDO EL TREN”

GENERACIÓN X: “NO HEMOS PERDIDO EL TREN”

Por Rolando Donayre Rios

“… y no me digas pobre por ir viajando así, no ves que estoy contento, no ves que soy feliz” (Los Prisionero – Chile).
Soy de la generación X, es decir de los nacidos entre 1966 y 1979. Terminé el colegio en el año 86 y de esta manera fui lanzado fuera del nido para volar y hacerme un lugar en la sociedad.

Mi primer acercamiento al mundo digital lo tuve en la calle con un amigo de una promoción mayor, le llamábamos “El Mono”, y en nuestra alegre conversa me enteré que existía la Computación. Bueno, finalmente no entendí con qué se comía aquella carrera.
Luego, cuando viajé a la ciudad de Tacna, un amigo me encontró en la calle y me invitó a una charla sobre Ingeniería de Sistemas. Yo acepté por buena gente, y luego un señor se dirigió a un grupo de cuatro gatos y nos habló, fue allí que aprendí que existía la compañía Apple y las PC (Personal Computer), y pensé que eran máquinas costosas para jugar pin ball, o sea Ave Fénix, Mario Bross, la Ranita, Space Invaders y otros (disculpen mi ignorancia).
Luego, en el año 1993, por primera vez me enteré que existía una Red Científica Peruana, algo así como un sistema de bibliotecas interconectadas que te ayudaban a buscar información para hacer tus tareas de la universidad, y que servía para hallar libros más rápido de lo habitual. ¡Que chévere! -me dije, pero lo malo era que tenías que ir a un sitio en Miraflores e inscribirte… ¡plop!
Meses después, un amigo me mostró lo que era una cosa llamada Internet, pues trabajaba en una empresa que proveía este servicio. Estuve en un local donde encontré a unos seres extraños, lo que hoy conocemos como “Cibernautas”, en un ambiente con 12 computadoras, fue allí donde por primera vez chateé con alguien desconocido.
Les confieso que viví la misma experiencia de los niños que con dos latas de leche y un pabilo confeccionaban un teléfono de juguete. Sentir que había otro sujeto al otro lado, sin rostro y diciéndote algo. Era extraño. Yo solo observaba la pantalla cabezona y veía cómo aparecían las letras, una tras otra, diciéndome: ¡Hola… cómo te llamas!, y yo respondí: ¡Soy Rolando, soy de Perú! Reconozco que fue una conversación muy básica, y me sentí como un cavernícola, perteneciente a una tribu, algo así como los no contactados, que hablaba con otro ser similar, ambos vestidos con taparrabo.
Les cuento esto porque –como lo escribí al inicio- yo soy de la Generación X, acabo de cumplir 51 años, y mirando mi celular me llegó por WhatsApp un dibujo que me envió un amigo en el cual mostraba los tipos de generaciones que hoy en día coexisten “en este triciclo llamado Perú”.
Debo confesar que aquel mensaje fue una pastilla de UBICAINA (palabra popular de mi tiempo para no creerse más de lo que uno debe). Hoy se habla de la “Generación del Bicentenario”, antes la conocíamos como los “Pulpines”, egocéntrica, interconectada e influenciada por la web y las redes sociales. Tal vez esa sea su gran ventaja, pero también su talón de Aquiles.
Es interesante entender que mi generación X tiene sus características propias. Déjenme recordarles algunas: Vivencia del terrorismo, apagones semanales, falta de agua, influencia de la izquierda, pero con el gobierno de la derecha y sus aproximaciones, paquetazo, discriminaciones totalmente aceptadas de raza y posición social, influencia de la música foránea como el rock, pop, heavy metal y subterránea, y el rock en español en medio de una crisis económica, con una deuda económica hasta los cielos, con una inflación galopante y la sombra de las Fuerzas Armadas, etc.
Pero no todo fue malo, no, late en los recuerdos de mi generación imágenes tales como el sublime en papel manteca, la fruna Donofrio, la gaseosa Pasteurina, el Cua Cua, el cocolichi, el arrocito, el juego de la canga, matagente, los siete pecados. Mejor no sigo porque si no me pongo a llorar de tanta nostalgia. Por supuesto, me quedaré corto para contar, pero hay más cosas características de mi época.
Lo que quiero decir es que -hoy por hoy- los de mi generación, aunque reticentes aún a los nuevos ritmos del mundo digital, no ha perdido el tren… no.… el tren de la historia. Mi generación hoy mismo puede capitalizar toda su experiencia de vida y volcarla en acciones mucho más aterrizadas y concretas que definitivamente no tiene esta denominada “Generación Bicentenaria”, creo que se le quiere idealizar más de lo que se debe. Por favor, UBICAINA, UBICAINA.
El dibujo que me compartieron por celular debe hacer pensar a mi gente para darnos un impulso en la vida. No importa de qué generación seamos, Babyboomer, X, Y, Z, Millenial, Centenial, Pandemial, etcétera, lo que importa es presentarnos ante nuestra sociedad con lo que somos, con lo que hemos llegado a ser. ¿Y qué es lo que somos? Somos una generación que ha sobrevivido a tiempos difíciles. Muchos hemos dejado de ser rocanroleros (aunque otros lo hacen por pasión) y hemos asentado cabeza, asumiendo compromisos, teniendo hijos y luchando en un mundo laboral para ganarnos el sustento.
En fin, nuestra Generación X ha capitalizado mucha experiencia del pasado. Lo que hoy tiene en sus manos es oro puro. A nosotros ya no nos van a contar la historia, ya no hay cuentos que valgan. Sabemos cómo funcionan las cosas (al menos sabemos qué no funciona). Adiós a las teorías.  El mundo de las ideologías tocó fondo. Más aún las radicales.
El desafío en estos tiempos difíciles es  ¿Cómo conectamos esta fortaleza de la Generación X con la Generación Bicentenaria? Necesitamos urgente unos vasos comunicantes para orientar a nuestros jóvenes a través de la buena y paciente comunicación. Tomar la calle no es la única manera de resolver las cosas. Debemos tener propuestas bien pensadas, producto de la buena reflexión.
Generación X, es tiempo de actuar, ahora más curtidos, por el bien de nuestro Perú.

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