HECHO & DERECHO

Hecho & Derecho

Una voz y espacio dedicado al Derecho de Familia, Niñez y Adolescencia y Justicia Penal Juvenil.

 

Por: Jorge Luis Barrenechea Montesinos.

                 Docente y Capacitador

 

Crisis, resiliencia y oportunidad: la lucha por mejorar el presente y cambiar el futuro de nuestra niñez y adolescencia camino al bicentenario

La crisis de la pandemia por el COVID-19, a quien por el momento llamaremos “la madre de todas las crisis” nos trae inevitablemente a la memoria el recuerdo de todas las anteriores, al menos, las más recientes en nuestra historia, como la negación del voto de confianza al gabinete “Cateriano” ocurrido este último 04 de agosto del presente año, la actual inflación, la crisis Lava Jato (sinónimo de corrupción), la crisis de los jueces, la crisis del Congreso, las que involucran a nuestros expresidentes, la crisis de la hiperinflación de 1988-1990 entre muchas otras, han desarrollado en nuestra gente, una enorme capacidad de recuperación frente a la adversidad para seguir proyectándose al futuro, sin embargo esta enorme resiliencia basada en la superación de circunstancias difíciles anteriores, no servirá de nada si en verdad, recordando nuestro pasado y reconociendo nuestro presente, no lanzamos una sincera y objetiva mirada hacia el futuro, ordenamos los debates trascendentales y afrontamos las actuales crisis sobre salud y economía, ya que los debates centrales y la agenda a tratar hoy más que nunca está clara y ordenada, salvo para los que no   quieran verla, y no porque haya existido un acuerdo, pacto político o social, o porque los supuestos líderes del país se hayan reunido y arribado a consensos, sino porque las graves circunstancias que hoy afrontamos así lo imponen y en ese sentido la crisis de la salud pública, la educación, la lucha contra la corrupción, el adecuado manejo económico para afrontar la inflación actual y la urgente reactivación económica son los grandes temas a tratar y resolver, con miras al bicentenario de nuestra querida patria y poder brindar por fin a nuestra niñez y adolescencia un mejor presente y prometedor futuro.

La receta para ello no descansa en una sola persona como en tiempos de antaño y solo por citar un ejemplo de fuera, el movimiento de los derechos civiles de 1960 en Estados Unidos no hubiera sido el mismo sin la figura de Martin Luther King Jr. y es que hoy la búsqueda de un “ungido” o “líder mesiánico” para solucionar nuestros múltiples problemas coyunturales no es la respuesta adecuada, por el contrario, se necesita una construcción colectiva, que haga de las circunstancias difíciles que afrontamos, también llamadas crisis, una ocasión u oportunidad que permita desarrollar recursos que al parecer se han encontrado latentes durante décadas y es momento que despierten, emerjan con fuerza y actitud, basada en el consenso que se logre plasmar en un verdadero acuerdo nacional, más allá del nombre que se le quiera dar, como respuesta adecuada y madura que permita proyectarnos en forma auspiciosa a los próximos 10, 25 y 50 años, con políticas sostenidas y visionarias para que los futuros gobiernos de turno puedan afrontar las nuevas crisis que seguro vendrán, pero  dentro de una coyuntura adecuada.

Este cambio, basado en el acuerdo y el consenso con miras al bicentenario de nuestro país, tiene que tener como uno de sus grandes objetivos, mejorar el presente y cambiar el futuro de nuestra niñez y adolescencia, para ello la comunidad organizada y el Estado deben desplegar todos los recursos y esfuerzos necesarios para la plena vigencia de la  Convención de los Derechos del Niño y el debido acatamiento y levantamiento oportuno de las observaciones del Comité de los Derechos del Niño, en tal sentido el Estado debe proyectar y cumplir con ejecutar verdaderas políticas que favorezcan el empoderamiento de la niñez y adolescencia así como su capacidad  progresiva; también consideramos que se debe contar con una Defensoría de la Niñez y Adolescencia autónoma e independizada de la actual Defensoría del Pueblo, que verdaderamente se preocupe por escuchar, trabajar y defender los derechos de este gran sector vulnerable, propuesta que será motivo de un próximo artículo basado en mi trabajo de investigación sustentado ante la Universidad de Barcelona; repotenciar las Defensorías de la Niña, Niño y Adolescente, a fin de que cumplan el verdadero rol que les asigno el Código de los Niños y Adolescentes; por último fortalecer y en su caso, crear más fiscalías de familia que permitan coadyuvar a la defensa y protección oportuna de la niñez y adolescencia.

En estas últimas líneas me parece oportuno traer a colación las palabras finales del documental Carta a una sombra con ocasión de la celebración a la primera publicación en Alfaguara del libro “El olvido que seremos” de Héctor Abad “Nadie debería morir por una bala o por una enfermedad, sino por la senectud”. En ese sentido yo quisiera que mis hijos y los hijos de ellos por las inexorables leyes de la vida, si han de morir, sea de viejos y no por la violencia descontrolada, por la indiferencia del Estado o por un virus que simplemente no nos encontró preparados.

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