LA CORBATA DEL PRESIDENTE

 

 

Por: César “Chico” Véliz Mendoza
Se acuerdan del presidente Sagasti al responder por el color de su corbata en alusión al partido político que lo llevó al Gobierno. Intentó imparcialidad y dijo era de un color diferente, pero los puntitos le daban la “impresión visual” de ser morado.
Poco después fueron descubiertos sus asesores como candidatos al Congreso por el partido de ese color e, increíble: pintó de morado hospitales de EsSalud ¿No es que está prohibido hacer proselitismo político?
Quizás como académico acudió al poema de Ramón Campoamor que dice: “Y es que en el mundo traidor/nada hay verdad ni mentira/todo es según el color/del cristal con que se mira/.  Sí, Presidente, según el cristal” del poema vimos su corbata de color morado y eso es publicidad. ¿En un mundo traidor?, lo debe saber usted.  Y como “nada hay verdad ni mentira” la respuesta la dan sus propios asesores que trataron de ocultar su color político.
Para un político inteligente ocupar el sillón presidencial es un alto honor. Lamentablemente no es así en el país. El vacado Vizcarra nos dejó el triste récord de ocupar el primer puesto de muertos por COVID-19 en el mundo. Usted, señor Sagasti, en lugar de comprar camas UCI gasta dinero en pintar de morado la fachada de hospitales de EsSalud. La pintura no protege de la pandemia.
Uno de sus objetivos es la transparencia e imparcialidad en el proceso de abril. Por qué, entonces, no se pronuncia la autoridad electoral sobre proselitismo. Las dudas aumentan cuando congresistas morados pidieron a gritos, como dice García Belaunde, la renuncia de Merino por dos muertos en protesta. Hoy por más huelguistas muertos en Virú no pasa nada. La falta de liderazgo ha sustituido el debate por el enfrentamiento. Toman una carretera y fácil derogan una ley. Así estamos.
Pocos candidatos presentan propuestas para convertir informales en empresarios, sustentan proyectos de irrigación, urbanismo, minería, infraestructura, salud, educación, agricultura, ciencia y tecnología, inversiones y convenios internacionales.  Ahí puede estar la solución ante el desánimo.

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