LA TAREA UNIVERSITARIA: TRANSITAR DE UNA EDUCACION PRESENCIAL A UNA VIRTUAL

Julio Alcalde Giove

 

No aceptes lo habitual como cosa natural. Porque en tiempos de desorden, de confusión organizada, de humanidad deshumanizada, nada debe parecer natural. Nada debe parecer imposible de cambiar.

Bertolt Brecht

 

El Gobierno Nacional, para evitar la propagación del coronavirus, dispuso el cierre de las universidades, esto planteó desafíos. ¿Cuán preparados estaban, las universidades, los estudiantes y, sobre todo, los docentes, para desarrollar una educación distinta a lo habitualmente realizado?

 

Ahora, con los datos revelados, el sistema universitario no estuvo preparado para esta emergencia, más del 80% de universidades públicas tienen problemas para iniciar las clases virtuales. Los grandes esfuerzos que las Universidades Públicas vienen realizando no son suficientes; pues, no sólo se trata de reorientar los presupuestos hacia el fortalecimiento de la infraestructura tecnológica y fortalecimiento de capacidades de docentes en manejos de herramientas virtuales, sacrificando otras metas institucionales. No, de lo que se trata es hacer un giro de 180° hacia otro modelo de universidad, bajo un nuevo contrato social. La coyuntura es favorable para que la universidad pública transite de una educación presencial hacia una virtual.

 

La “sociedad red” (Castells, 2010) nos dice que la sociedad está conformada por una estructura social, compuesta por redes activadas por tecnologías digitales de la comunicación y la información basadas en la microelectrónica. La estructura social es el acuerdo organizativo del humano en la relación con la producción, el consumo, la reproducción, la experiencia y el poder expresados mediante la comunicación significativa codificada, en los años noventa, vaticino que las sociedades y sus diferentes formas de organización, dentro de ellas las instituciones universitarias, tenían que transitar por estos caminos.

 

La utilización entornos virtuales para enseñar no es algo nuevo, se tiene registros que desde fines de los 90 se puso en manifiesto la posibilidad de implementar un proceso de “e-learning”. Desde hace más de veinte años que la educación superior convive con la idea de utilizar la Red para enseñar, pero aunque el tiempo histórico sea breve, hemos aprendido algunas lecciones, y adquirido algunas certezas en lo que significa enseñar en la Red.

 

La emergencia sanitaria concedió existencia social a la posibilidad de estudiar utilizando los entornos de educación en línea, coyuntura que está obligando a mirar desde otra perspectiva a los paradigmas educativos, en los cuales la figura del “profesor” era el centro de atención de todo el proceso de enseñanza – aprendizaje, una figura inmaculada y terriblemente magullada por los diferentes Gobiernos de turno. La educación virtual es una vía para el aprendizaje que se caracteriza por su dinamismo e interactividad; a decir de muchos estudiosos, es una nueva comprensión de la educación que ya no se centra en la figura del profesor sino en la del alumno; el rol del “profesor” se modifica, él es un “facilitador” que entrega los contenidos y opera de soporte en la reproducción, generación y ejecución de nuevos conocimientos.

 

La pandemia del covid19, la inmovilización social y el despoblamiento físico de los estudiantes de los espacios físicos de las universidades, ha puesto en manifiesto la necesidad de utilizar “nuevas” herramientas en el proceso de enseñanza en la educación superior universitaria. Pasar de una modalidad presencial a una virtual es un proceso muy delicado, transformador  e innovador. Stavredes (2001) plantea que el rol del docente debe pasar a ser un “sabio en el escenario”  para facilitar el intercambio y generación de conocimiento mediante la colaboración y la discusión. Para lograr tal finalidad, el docente debe adquirir nuevas capacidades pedagógicas, sociales y técnicas, que posibiliten el nuevo rol de “facilitador” para fomentar la participación individual y grupal, la construcción y desarrollo del pensamiento crítico, la interacción permanente de los alumnos, a fin de monitorear sus progresos y logros, comunicarles su rendimiento y fomentar su auto aprendizaje. Éste cambio exige la modificación del diseño de los cursos y de las actividades académicas.

Recientemente, el Estado Peruano ha modificado la Ley Universitaria 30220, donde precisa que una de las modalidades de enseñanza es la virtual, entendida ésta como el proceso de formación desarrollado mediante la incorporación de las tecnologías de la información y las comunicaciones, a través de internet. Esta norma está exigiendo cambio de los estatutos y reglamentos internos de las universidades, y a su vez, obligando a actores universitarios a capacitarse en entornos virtuales para poder ofertar el servicio educativo con la misma, o mejor, calidad que se brindaba en la modalidad presencial.

 

La tarea no es fácil, atravesamos una situación que complica los procesos de enseñanza y aprendizaje, se debe considerar que el estudiante (la gran mayoría aún tiene dependencia económica de los padres) está en un contexto socioeconómico y emocional endeble. Benítez Larghi,  plantea que es vital reducir los niveles de incertidumbre, ansiedad y expectativas desmedidas en las actuales condiciones de emergencia. Por lo tanto, no sólo es cuestión de manejar las herramientas tecnológicas,  esto pasa también por el cambio de objetivos educacionales, modificar las actividades educativas de carácter presencial a una virtual, incorporar el uso de diferentes recursos virtuales síncronos y asíncronos (como complementos y apoyo), para hacerlo atractivo, desarrollar las actitudes de los alumnos frente a los temas, y facilitar las habilidades de comunicación e interacción de los mismos.  De lo que se trata es de lograr una cultura informática, como característica importante del docente y estudiante en todas sus dimensiones.

 

De un tiempo a esta parte, algunos docentes universitarios expresan su preocupación e interés por la tenencia de nuevos equipos informáticos y la ampliación de la capacidad del servicio de internet, para asegurar una “buena educación”; en ninguna de las intervenciones encontré preocupación por el proceso educativo. Esto puede ser por dos motivos: a) que los docentes cuentan con las capacidades pedagógicas, sociales y tecnológicas suficientes para efectivizar una educación virtual de calidad, sin caer en el facilismo y fraude académico, y b) Que no se entiende, en su real dimensión, el tránsito de una modalidad presencial a una virtual y los cambios que ello exige. Si es la primera, bienvenidos a este nuevo mundo educativo; si es la segunda opción… ¿de qué estamos hablando?

 

La coyuntura exige modificar el rol tradicional de docente presencial a un docente virtual, por ello, es importante que la adaptación a los nuevos contextos y situaciones que se presentan dentro del surgimiento de estos nuevos entornos de aprendizaje. Las investigaciones remarcan la necesidad de que los docentes revisen continuamente sus metodologías. Stavredes, Morán, Benitez y otros más, indican que si algo pone de manifiesto la tecnología es que para enseñar y aprender en línea hay que apostar por la innovación metodológica. Una clase magistral de un docente universitario que expone ya no se sostiene. Los tiempos deben ser más breves, con videos de todo tipo: teóricos, de demostraciones, de prácticas; lecturas orientadas, ejemplos ilustrativos, consignas claras y donde los estudiantes tengan una participación activa.

 

Bajo el riesgo de censura, aunque resulte imposible suplantar las dinámicas y aprendizajes que se dan en forma presencial, sostengo que no bastan los grados académicos y los vastos conocimientos que usualmente se desarrollaban en una clase presencial; asimismo, la tenencia de un equipo de alta gama y última generación no garantiza evitar el “facilismo y fraude académico”. La relación pedagógica es lo central, los recursos tecnológicos son medios, no debe entenderse a la educación virtual como si fuera la universidad puesta en una plataforma digital.

 

El reto estriba en que el docente incorpore a su exitosa experiencia profesional nuevas competencias pedagógicas, sociales y técnicas que permitan implementar estrategias de enseñanza y aprendizaje orientados a la autogestión del conocimiento, al trabajo colaborativo y la construcción de conocimientos en un ambiente virtual de aprendizaje.  El docente debe ser un José Arcadio Buendía, con desaforada imaginación ir siempre más lejos que el ingenio de la naturaleza, y aún más allá del milagro y la magia tecnológica.

 

El acelerado crecimiento de la tecnología de información y comunicación, hace que las herramientas virtuales y equipos tecnológicos varíen constantemente. Esta situación genera la necesidad de adaptarse y actualizarse permanentemente. Esta adaptación y actualización son las que hacen las diferencias entre un docente de la escuela tradicional y un docente virtual. En el rol de facilitador, también tendrá la labor de brindar orientación al uso correcto de las herramientas y absolver preguntas técnicas, a los estudiantes, en el manejo de las herramientas virtuales.

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