Luis Perez – Egaña Loli

Entre curioso y chismoso.

Por Luis Perez – Egaña Loli.

En los chistes o comics que me regalaba mi padre, venían unos cupones que te ofrecían estudios a distancia. Modern School, ofrecía carreras cortas, eran muchas y aun no entiendo por qué me empecine en estudiar una de ellas. Se llamaba “Detectivismo” Envié el cupón a México” y me llegó la primera lección gratis y un formato que me pedía hacer un pago en dólares vía giro bancario o envío a través de una agencia de transferencias. Ahí se acabó toda mi ilusión. Yo no tenía ni un dólar y mis padres me mandarían a la porra si les pedía pagar 17 para estudiar por correspondencia.

A veces inventaba algo en casa y me tomaba un bus por la tarde, me iba hasta el centro de Lima, me gustaba ir a los conventos, a San Francisco o Santo Domingo, sentarme en las plazoletas del interior y escribir historias.  Yo sé que era muy particular hacer eso a los 15 años, pero siempre fui diferente, ni modo.  También iba al Mercado Central me impresionaba la cantidad de chucherías que vendían ahí, después de ver juguetes de plástico, herramientas, monos, loros, escobas, lapiceros, caminaba hasta la Avenida Grau y ahí compraba algún libro barato, otro punto de venta también era la Plaza San Martin., me llamaba la atención que había personas sentadas bajo unos toldos, concentrados leyendo en unas banquitas. Que estudiosos en pleno verano, pero descubrí que estos hombrecillos lo que hacían era alquilar revistas pornográficas y salir de ahí probablemente con la cabeza cuadrada. Esas cosas las observaba a distancia, poco a poco iba descubriendo por mi cuenta las barbaridades de la ciudad, gracias a Dios nunca caí en ninguna de esas espantosas adicciones.  Iba al mercadillo Polvos Azules, quedaba cerca a Palacio de Gobierno y miraba con asombro a unos metros los fumaderos de pasta en las orillas del Rio Rímac y también como un grupo de niños mataban el calor lanzándose a esas aguas marrones que bajaban de la sierra entre enero y marzo.  El centro de Lima era desordenado, lleno de ambulantes que vendían desde zapatillas Pony, cintas de Betamax, walkmans con audífonos de esponja naranja, polos Lacoste bambas, casacas jeans con cuello de oveja, camisetas ráscalo y huélelo con olor a fruta, un loquerío que supo ordenar Alberto Andrade Carmona el mejor Alcalde que tuvo Lima. Si no viviste en los ochenta en esta ciudad, entérate que era normal caminar entre la basura que no se recogía de las calles.

En uno de esos stands o quioscos biblioteca encontré lo que me debía llevar a ser autodidacta en detectivismo, el libro se titulaba el manual del espía y describía el concepto de lo que era este oficio y sus principales características, las que yo practiqué por supuesto de acuerdo con lo que me parecía interesante. Este aprendizaje sumado a la carga genética de curiosidad y necesidad de información que no te incumbe, que heredé de mi madre, me volví “El Curioso” Por ejemplo, empecé a mirar con más detalle a la gente, desde vecinos, amigos, personas que me parecía que algo podrían ocultar. El ejercicio de estas prácticas sin duda me permitió descubrir muchas cosas, aún tengo tanto por contar.

La primera de ellas fue mirar por entre las columnas del muro de mi vecina, a la que un loco que vivía al frente de mi casa le llamaba “Señora bonito cuerpo” La paciencia me llevo a descubrir que la señorita bastante infladita invitaba a cenar al guardián de la cuadra. El que frescamente comía en la cabecera de la mesa del comedor, también recuerdo que alguna vez los vi ensayar una pieza de baile y si no me equivoco era “Fuma el barco”.

El verano en mi niñez y adolescencia fue espectacular, iba con mis primos a la playa “Las Tortolitas” Ahí estaba  Mariana, a quien dios y sus padres le habían dado el rostro más lindo del sur, un cuerpo espigado, el bikini de moda y la suerte de que para evitar despelotes se hacía   cola para poder bailar un ratito con ella en las fiestas.

La muchacha bajaba los viernes por la tarde a la arena y se echaba en un toldo de totoras en donde se reunía con sus amigas, algunas del colegio y otras de la playa. Todos los chicos la contemplaban haciéndose los locos. Puedo dar fe que en ese entonces realmente contemplabas la belleza y punto, sin ningún otro cometido más que verla.

Mariana usaba una venda en el pie, que cubría una pequeña parte de su piel, según decían  sufrió una quemadura a los meses de nacida razón por lo que ahí no debía caerle el sol. Era una diminuta tela color piel que le envolvía tres dedos y el empeine.

Mi tío Luis Francisco, nos dio una moto la que nos generó gran popularidad, la gente también hacía cola para que les des una vueltita, a veces se congregaban hasta una docena de personas, mi primo y hermano; Panchito a quien le estaré agradecido toda una vida y quiero más que todas las piedras del Morro Solar, se turnaba conmigo para hacer los paseos con la educación de  cocheros ingleses a cada una de las vecinas playeras.

Tuve el honor de llevar a Mariana y a Maria Margarita su mejor amiga.  Ya había una ruta de paseo pre establecida que era por las calles principales y el  malecón, fue en la curva de la primera etapa que producto del riego de un jardín se formó un charco, lo que provocó el derrape de la moto. Puse el pie en la tierra para evitar la caída de la reina de Tortolitas y sentí como se me achicharraba un poco mi pierna con el tubo de escape, ella también se resistió a la caída.  La moto quedo echada en el piso y nosotros salimos impulsados hacia adelante, yo choque contra lo que llamábamos “el molón” un muro de cemento que evitaba que el mar se salga cuando estaba embravecido. Sobre mí, cayo Mariana estrepitosamente, pero quedo a salvo, nos repusimos y los daños solo fueron mi quemadura y polvo sobre la ropa, no había ocurrido nada más, sin embargo, cuando ayude a pararse a mi pasajera, me di cuenta de que su pie estaba fuera de la sandalia y la venda de su pie estaba completamente rota, yo estaba de rodillas sosteniendo la moto y pude ver perfectamente los seis dedos de Mariana, levante la cara y ella trato de inmediato de ponerse la sandalia de cuero. Su casa estaba a dos cuadras así que me pidió con desesperación que la llevé, al momento de dejarla le dije; Mariana porsiacaso yo no vi nada. Ella me contestó, nada de qué? con una seriedad inquisidora. Bueno, me quede callado y me regrese al punto de partida donde ya me esperaban todos.  Preguntaron por Mariana y dije que se bajó en su casa suponía que al baño. Esa noche descubrí y en adelante  guardé el secreto de los seis dedos de Mariana la reina de la playa hasta el día de hoy. Bueno sabían que Halle Berry también tiene seis dedos?

Con los años las vidas van cambiando, Mariana se casó con el más bacán de la playa, ahora si me habla porque somos vecinos y desde mi departamento puedo ver la cabeza pelada de su esposo cuando lava los platos los domingos por la tarde. Ella aun usa esa venda, obviamente más grandecita y con diseños de moda. Supongo que el sí debe saber lo de los 21 dedos de su esposa.

Maria Margarita la gordita, pego un estirón increíble en la adolescencia y dejo de ser la que planchaba en las fiestas. Se convirtió en algo así como una modelo sueca.  Cuentan las leyendas urbanas que cuando terminaba con algún enamorado estos saltaban del Puente Villena porque nada se compararía después de Maria Margarita. Se casó con Gabrielito Roca Llosa, con quien vivió veinte años de ensueño y feliz matrimonio. Él es un excelente padre con sus tres hijos, la verdad que me apenó mucho su separación. No la vi venir y jamás se me ocurrió que tan linda pareja se mande a la porra. Una noche bajé por un helado al restaurante de un hotel de la Selva del Perú y vi a Gabrielito en tremendo “Chapetex” (beso) con la ejecutiva comercial de AFP Mega fondo, hermanísima de la más famosa de las competidoras de “Esto es Tierra” A María Margarita dinero no le falta, pero desató toda su ira contra ambos, enviando al chat del “club de amigos”, diálogos y fotos de Gabrielito y la Sharon. Dicen que él nunca tuvo mayor experiencia y que solo conoció a su esposa que fue también su primera enamorada y que la Sharon le calentó la cabeza y lo volvió loco de amor y pasión. Nada esta comprado ni escrito, lo único que no cambia es el cambio. Conclusión del detective curioso.

 

A %d blogueros les gusta esto: