Luis Perez – Egaña Loli

 

El Incendio. 

Voy a ganar la apuesta del juego, ganaré la apuesta de tu juego, y seré la llama de tu fuego. ¡¡¡¡Fuego, fuego!!!! (Menudo)

Era el día sábado y 28 de julio, yo estaba en mi pequeña casa de La Aurora, Miraflores. No habíamos puesto la bandera por el aniversario patrio y corríamos el riesgo de ser multados por la Municipalidad de Miraflores, así que me dispuse a subir al techo llevando el mástil y nuestra descolorida bandera del Perú, rosada, blanca y rosada. El modo más sencillo de llegar era usando como escalera la ventana de la cocina, ya estando arriba hice una base de ladrillos para clavar el símbolo patrio. En los techos siempre está todo lo que no se quiere y a veces con el tiempo estas chatarras se convierten en tesoros olvidados. Estos lugares siempre me han llamado la atención, por que esconden muchos misterios, muchas veces hasta se tira lo que no quieres que vean.

Una vez abanderada la casa, caminé para ver el jardín interior, es cuando me percaté que de un cuarto posterior de la casa vecina estaba saliendo humo.  Era tan atípica esa situación. Se notaba que algo se consumía y muy rápido.

En esa casa vivieron muchas familias, desde mi primera vecina la pequeña princesa Palestina Jenny Gomez Osiris, quien hasta hoy conservo como una entrañable y querida amiga, hasta el gringo Chony quien merece un artículo completo, pero en esa oportunidad estaba viviendo la familia Panda. El padre tenía un parecido al artista Yimmy Zanty y además usaba camisas agitanadas y coloridas, con mangas anchas, siempre me daba la impresión  que de pronto arrancaría a bailar: que te la pongo, que te la pongo… una canción de los Garibaldi. La madre, era una señora rubia, muy rubia, con ojos verdes, muy verdes, digamos que llenita y asemejaba un oso panda, el hijo mayor era muy parecido al padre, su cara era tan alargada que cuando pasaba por el frente de mi casa demoraba más que el bussing, primero pasaba su nariz, luego sus patillas, sus orejas y finalmente el cuerpo, por lo tanto, lo llamábamos el cara de la 58. La hija menor, era muy parecida a su madre, mas rubia todavía, con los ojos más claros y también un poquito rellenita o como escuche alguna vez, entrada en carnes. Era una cría de Oso Panda de unos veinte años.

Ese humo en la casa vecina era demasiado intenso y salía aceleradamente de la sección de servicios, para explicarlo mejor, las casas al inicio tienen un jardín y garaje, luego viene la casa propiamente, luego otro jardín interior y al final una lavandería, baños y lo que llaman cuarto de servicio.

Desde mi techo alcance a golpear la ventana del segundo piso de los vecinos, y nadie respondía, insistí con los golpes como si se tratara de un incendio, de verdad creo que toque con desesperación, hasta que de pronto se abrió la cortina y apareció la señora Oso Panda, me lanzó una mirada furiosa y me dijo dando de voces. ¡¡¡¡¡Que cosa te pasa idiota!!!!!  Supongo que había interrumpido su baño con burbujas porque estaba atamalada en su toalla y con el cabello mojado, y con todo el salvajismo de un Oso Pando enojado.

Se esta quemando tu casa!!!!  contesté y probablente sin creerme me dijo. ¡¡¡¡¡Que cosa!!!!!

Si mira ahí y señalé, al final de su jardín, bajo el árbol de mango, su cara de furia se transformó inmediatamente en una expresión de horror, la señora Oso Panda, se dio la vuelta y corrió con pasitos cortos, en su apurada reacción soltó la toalla y vi su anatomía trasera que resulto ser parecida a la luna llena de los andes o a una viniball de playa.

Creo que eran demasiados estímulos en un minuto, un incendio y luego ver  el poto de la señora Oso Panda, la que rápidamente apareció en el primer piso con una bata de felpa blanca que decía Hostal Polonia, me miró y me gritó otra vez. ¡¡¡¡¡Que hago!!!!! y sin pensarlo salte desde el techo hasta su jardín, juntos corrimos hacia el lugar del incendio, que afortunadamente era un lugar distante de la parte central de la casa, pero colindaba con la sección de servicios de otros vecinos y con unos árboles que podrían encenderse.

Yo cogí un balde y lo empecé a llenar con el agua de la cisterna que estaba en el piso y la señora Oso Panda iniciaba el trabajo de tratar de apaciguar el fuego con la manguera del jardín. Me di cuenta que no podríamos apagarlo de ninguna manera, lo que debíamos hacer era evitar que se propague, juro que el calor de un incendio solo lo puede describir quien estuvo ahí, después de cada baldazo de agua que yo lanzaba el calor volvía con fuerza, así como si fuera algo vivo y endemoniado, La Oso Panda lloraba y se desesperaba. De aquí no va a pasar,  le decía yo y trataba de que se calme, hablaba de que su secadora de ropa se había quedado encendida.

La peleamos solos con facilidad unos 10 minutos que fueron largos, muy largos, empezamos a oír las voces de los vecinos y el sonido del timbre, ella fue a abrir, y entraron dos personas que vivían cerca a tratar de ayudarnos En ese momento empecé a oír una sirena, lo que me alivio bastante, en un minuto más llegaron los bomberos con su camión International de la bomba 28 de Miraflores, comprado en el gobierno de Fernando Belaunde y nos sacaron de inmediato, a la Señora Oso Panda, con su bata ya negra y mojada y a mí con la cara con erisipela. Ella había estado sola en su casa, juntos vimos como tardaron unos minutos en apagar el fuego. El balance era una habitación calcinada y seguramente que muchas de las camisas tipo corsario y agitanadas del señor rostro de la nueva ola, debieron haberse chamuscado. El vecino probablemente las necesitaba, ellos eran dueños de un restaurante y sospecho que así era su look.

Yo creí haber hecho algo normal y volví a mi casa trepándome por el muro y pude ver que, en el techo del cuarto de servicio de los vecinos, había hollín y marcas del incendio entre las ranuras que seguramente dejaba el concreto, de la misma forma en el muro colindante con mi casa se notaban las huellas de lo que paso, se que en alguna parte del techo hasta el día de hoy podremos encontrar la marca de aquel  del 28 de julio de 1990.

Me bañé para quitarme el olor a humo y nuevamente me reincorporé al trabajo en mi jardín, pasadas unas horas y después de almuerzo tocaron el timbre y apareció en la puerta la familia Panda completa, además mi tía Carmela y el Tío Sambo, también vecinos de mi cuadra y el Doctor Chang, medico en Neoplásicas que vivía a tres casas. La verdad que seguí en lo mío, pero de pronto mi madre me llamó para hacerme recibir el agradecimiento del Señor Chinchin, al que seguramente le había quedado alguna camisa por que llevaba uno de sus típicos atuendos “chomp gitanilla de pura vainilla”.

Mi tía Carmela Santamaria sugirió llevar el caso a la municipalidad porque había evitado un incendio mayor y me bañaron en palabras halagadoras y durante un buen tiempo fui el héroe de la cuadra 14. En adelante la familia vecina me saludaba con cariño y gracia. La señora Oso Panda, poto de luna llena, me llevo la semana siguiente un keke que obviamente me traía recuerdos. Un día, así como llegaron, desaparecieron y no supe más de ellos, extrañamente no se sus nombres, ni apellidos, no calaron en mí como otros, la casa estuvo vacía un buen tiempo y aprendí a lanzarme al jardín y entrar las veces que me daba la gana a descansar en unas sillas de paja que siempre habían estado ahí y ejercer el derecho que creía tener de regar el jardín. Una noche que miraba mis plantas sentí olor a tabaco, lo que yo suelo identificar inmediatamente por que alguna vez fui fumador y luego escuché una voz de hombre aguda, y como si estuviera saliendo de un megáfono. De inmediato subí al techo y vi en la casa de al lado  a un gringo alto con nariz de águila y barba roja. Esa es otra  historia, la de un vecino que se deterioró poco a poco y hoy se le puede ver en las calles. La gente le teme, él tampoco se acerca a pesar de que sabe que lo conocemos, mi madre lo vio antes de la pandemia. Hoy estacioné mi auto frente a casa y vi que justo se estaban mudando. Cuantas personas, cuantas historias de las que aquella morada  fue testigo. Dios guarde a los que llegan.

 

 

 

 

 

A %d blogueros les gusta esto: