Luis Perez – Egaña Loli

Gitanos Peruanos

Por Luis Perez – Egaña Loli.

Durante la segunda guerra mundial los nazis exterminaron a 500.000 gitanos, el 75 % de la población Romaní que vivía en Europa en los años 40. Los llevaron a campos de concentración y los sometieron a trabajos forzados, en condiciones terribles. Fue uno de los grupos minoritarios escogidos por Hitler para exterminarlos.

Romaníes, Egiptanos, Bohemios… las denominaciones de estas razas nómades que conforman la nación gitana han sido muchas a lo largo de la historia, ellos estuvieron en  Europa desde la Edad Media y  viajaron a América acompañando al mismo Cristóbal Colón en sus carabelas. Son originarios de la India, muchos se afincaron en Rumania, Hungría y el sur de España (Andalucía). También los gitanos pasaron por Egipto y hoy en día hay importantes colonias en los lugares mencionados, así como en Brasil y Rusia. Sin embargo, pocos o muchos están por todo el mundo.

Los Húngaros tienen las cejas pobladas, son blancos y de pelo negro, es muy sencillo reconocerlos, los Romaníes tienen la piel como la cascara de naranja y los ojos verdes, los Andaluces no son ni blancos ni morenos, el cabello oscuro y bailan como los dioses. Todos guardan un gran respeto a sus adultos mayores, tienen patriarcas que toman decisiones y resuelven cualquier problema en sus colonias.

Se casan solamente entre ellos y a muy temprana edad, muchas mujeres a los 15 años ya tienen esposo e hijos. Sin duda tienen algunas características machistas. Ellas no pueden mostrar las piernas y las he visto en la playa bañándose con pantalones. Se dedican a la crianza de los hijos al cuidado del hogar y si trabajan es solo con la cartomancia. Manejan muy bien la baraja española y la lectura de las líneas de las manos.

Del Puerto de Cádiz salieron algunos barcos hacia America, llegando al Callao, Mollendo y Valparaíso, aquí desembarcaron los Gitanos para extender sus carpas, las que muchas veces apedrearon en Santiago de Chile, en Cordova (Argentina), por que dejaban desperdicios en los alrededores del campamento y no tenían agua ni desagüe. Estas tribus siempre han tenido que luchar contra su mala reputación.

En el Perú se afincaron en el Callao, cerca de la Mar Brava, en Magdalena vieja, Breña, Cantagallo y Lince. Exóticas ellas, con pañuelos cubriendo parte de su largo pelo, te leían la fortuna en las calles o  en el portal, a veces el negocio lo hacían también por los ventanales. Desde siempre se dedicaron a actividades artísticas, de entretenimiento, quiromancia, reparación de ollas, venta de chatarra, mecánica y curiosamente a principios del siglo pasado a hacer bailar fieras como osos y monos los que llevaban atados y con bozal. (Es recordado aun el gitano Menphis que hizo rumbear al Oso Eduardo que atrapó en los cerros de Cieneguilla y también  al Mono Dibos).

Vivian en las afueras de la ciudad y la policía siempre los estaba observando, tenían muy mala fama, por robos con engaños. Que se encuentran registrados en los periódicos de la época y la revista variedades. Se decía que los niños gitanos que andaban descalzos te rebuscaban los bolsillos en los tranvías y las gitanas además de estafarte con tretas desaparecían tus joyas a través de múltiples modalidades. Sin embargo, alrededor de ellas siempre existió un extraño encantamiento.

Rogelio Peñaranda era un muchacho estudioso, tranquilo y reservadísimo, no había tenido enamorada jamás, tampoco contacto con el sexo opuesto. Vestía elegante y acababa de terminar la universidad.

Alguna vez que fue a Jironear con sus padres al centro de Lima, de pronto quedo rezagado mirando como un grupo de gitanas envolvían a los transeúntes, le llamó la atención que hablaban diferente y entre pañuelos, billetes de una libra y una revisión exhaustiva de la palma de la mano, podían ver el futuro de los parroquianos.  Un empleado publico cansado de la sacadera de plata ya no quiso retrasarse más con ellas y se marchó. Lo intentaron retener casi a jalones y el las empujó. Una mujer gitana le gritó: Churrupaco te vas a joder!!!!!!  El hombre le contestó con un ademan de desprecio, así como un gesto grosero y al segundo fue impactado por el Cocharcas – Jose Leal, ómnibus que no vio llegar. Rogelio que había estado espectando todo el acontecimiento, desde ese instante creyó firmemente en las maldiciones gitanas. El funcionario público sacudió su terno, se puso de pie y se marchó cojeando avergonzado.

Entre el tumulto, el muchacho se dio cuenta que una gitanilla lo estaba viendo, ella se le acercó y tímidamente le ordenó dar la mano, ella era color cobre, el pelo dorado y tenía los ojos verdes como las aceitunas. Rogelio impresionado ante tanta belleza junta, extendió su palma sin titubear, y sin que se lo pidan saco de su bolsillo un billete de una libra. La gitanilla lo arrugó en su puño una y otra vez mientras le decía, te va bien en los estudios y te ira mejor todavía, cruzarás el mar y ahí se enamorarán de ti. Rogelio seguía embelesado y sin querer estaba siendo la primera lectura de Dulía, quien seguía a su madre y tías mayores para verlas trabajar embaucando e inventando futuros. Sus víctimas eran generalmente trabajadores y hombres que jironeaban. Dame la mano que te traigo la buena fortuna. Si se negaban a hacerlo, los maldecían.

Cuando Rogelio estaba a punto de sacar el tercer billete, recibió un fuerte grito y jalón de pelos. Era su madre que acababa salir de la casa Maruy. Rogeliooo!!!!!! que haces, ya vamos!!!!! Tomaron un colectivo en la Avenida Abancay y su madre le dio un discurso de lo que se debe hacer y lo que no, pero el no escuchó absolutamente nada, estaba adormecido con la mano de Dulia la gitanilla de pura vainilla. Chomp, chomp, chomp, Fenix. que tendría 15 años. No olía a perfume, olía a fiera, a león, a las jaulas del parque de las leyendas pero su belleza era absoluta, era la primera mano de mujer que lo tocaba y ese aroma leonino a él le fascinó.

Días después volvió al Jirón de la Unión solo, con más billetes pero no encontró a ninguna gitana, la Guardia Civil las había botado por quejas de estafa y robo de anillos a señoras Limeñas.

Después de hacer guardia varios días volvió a encontrar al grupo de gitanas en la Plaza San Martín,  Duiía lo reconoció y abordó enseguida, al percatarse de su ingenuidad y encantamiento por ella, lo condujo hacia el café del Hotel Bolívar y le exigió que la haga ingresar. Rogelio con propina en mano saludo al botones quien lo condujo hacia el interior. Ella se sintió contenta de que pudo ingresar al lugar que siempre vio pero jamás pudo entrar. Después de conversar una hora ella sacó de su bolso de tela una radio a transistores que le ofreció,  el acepto comprarla por cien soles lo que ganaba en un mes en sus prácticas de Ingeniero. No le importó ni siquiera tenía en que gastar sus sueldos. Ella envolvió la mercancía en su pañuelo y se la colocó en su maletín.  Después de beber un café y comer un Club Sándwich le dijo que tenía que marcharse ya. En el colectivo él sonrió y siguió pensando en la belleza de su gitana a pesar de que en el pañuelo había un jabón Bolívar suplantando el artefacto.

Después de unos meses la encontró en un puente en la Avenida Javier Prado, ella se hizo la desentendida pero el cuándo la vio sola y sin clientes, se acercó con la mano extendida, así como dándosela para que trabaje. Le conto que ya estaba casada, andaba con falda larga, el acongojado decidió despedirse para siempre, darle diez libras y  pedirle un beso de despedida. Dulia miro a ambos lados y le pidió que caminasen juntos hasta la escalera del puente y escudándose en un cartel de Nescafe no solo lo besó, también se abrió la blusa para  pagarle con un paisaje gitano tantos embustes y colaboraciones. Rogelio se fue a su casa feliz sabiendo que ya no la vería mas.

 

 

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