Luis Perez – Egaña Loli

 

 

Secuestro

Fotografía Susan Baltazar Zúñiga

La casa de los Collas era de dos pisos, hoy caería en la categoría de caserón. (como llama mi madre a las casas grandes) Los jardines exteriores tenían pasto y en el contorno geranios rojos, cuando por ahí caía un pelotazo salían volando muchas polillas. El jardín interior tenía una piscina, en el marco de una jungla de jazmines, que llenaban las noches de verano con su perfume. Solo tienes que cerrar los ojos e imaginarlo.

Las hermanas Collas eran tres, Antonella, Alfonsina y Antofagasta, la madre, Giacinta Malfitano Piaggio, ama de casa, que vestía de gala una vez al mes para ir al Directorio de la Cervecería Pilsen Callao. Era una típica familia limeña, que vivía con tranquilidad. El padre, Stronzo di Merda Collas, trabajaba en la venta de autos y camiones Fiat en su tienda de Rufino Torrico. Las chicas acudían al colegio de las madres Ursulinas, que engalanaba el color amarillo en sus paredes.  Inaugurado por el Presidente Manuel Prado y Ugarteche en 1941, después de quedar chico el predio de la Avenida Arequipa hoy Panamericana Televisión. El Colegio estaba en Nicolas de Rivera, San Isidro.

Las tres estudiantes llegaban a almorzar a la casa y regresaban al colegio hasta las 4 de la tarde, luego su madre las llevaba al Estudio de Lucy Telge, donde tomaban clases de ballet para posteriormente gozar presentándose una vez al año en el Teatro Municipal de Lima.

Los sábados las chicas se reunían con sus amigas en el Real Club, tomaban helados en la antigua cafetería, hoy balcón de donde se cayó Enrique Rodolfo Ledgard Jiménez. (Kiko Ledgard) Casi siempre eran invitadas a algún cumpleaños y acudían a tomar lonche a la casa de la agasajada. Los regalos variaban entre un porta cosméticos con espejo y del tipo maleta, un paquetón de revistas Corín Tellado, lapiceros perfumados que vendían en La Collera o un disco Long Play para ponerlo y bailar un poco al ritmo de los Bee Gees.

En verano acostumbraban a bañarse en la piscina y a manguerazo limpio, total había presión de agua y gozaban de un espacio cerrado por el pino, el jazmín y los cipreses.

Mientras tanto, en la casa vecina ubicada detrás, llegaba de la sierra Mastuerzo, prácticamente pedido por su hermana. Apareció después de acabar la escuela en su pueblo. Pasó unos días con la familia Lopez Torres, los que tenían tres panaderías y la fabrica de turrones San Idelfonso, los que comes y te dejan cono sonso. Ellos acostumbraban a irse a Pucusana los tres meses de vacaciones escolares y este año llevarían a Justina, quien trabajaba como empleada del hogar, por lo tanto, ella escribió a sus padres para que envíen a su hermano menor. Mastuerzo.

El muchacho paso unos días adaptándose a diversos temas, el retrete era algo para el desnocido y el ruido que hacia al vaciar el tanque lo desconcertaba, el televisor, el teléfono, el mar algo que trató de imaginar en su pueblo, pero cuando lo llevaron a la costa verde y toco el agua, se sintió hasta mareado y se tuvo que sentar en la arena.

Estaba feliz en Lima, se quedaría hasta finales de marzo cuidando la casa, mientras la familia con  su hermana veraneaban , una vez por semana pasaba el almacenero de la panadería y le dejaba alimentos básicos, preguntaba por su salud y si necesitaba algo. Su hermana iba a la bodega de la playa y lo llamaba por teléfono para ver cómo estaba. ¿Las típicas preguntas eran, desayunaste? ¿Te has bañado? ¿Has visto Tulio Loza? Mastuerzo cumplía con su trabajo y la mitad de su sueldo lo enviarían a sus padres y la otra mitad la usarían para que estudie electricidad y pueda trabajar en las panaderías San Idelfonso, ya estaba todo acordado con Don Marco Lopez Torres, el señor de la casa.

Mastuerzo, pernoctaba en el llamado cuarto de servicio, en algunas casas estaba ubicado en la parte posterior y en otras en la azotea. Una tarde subió para lavar su ropa y fue ahí que avistó un espectáculo.  Tres jovencitas bellas bañándose con la maguera y dándose de chapuzones en la piscina. El nunca había visto personas así, solo dentro del televisor. Se agazapo y quedo maravillado y admirado contemplándolas, parecían vírgenes de iglesia, muñecas de bazar, ellas eran seguramente las que aparecían en la revista TU que enviaba su hermana a Apurímac y se acercaban al estereotipo de belleza setentera. El avistamiento duró hasta cuando empezó a sentirse viento, luego salió una mujer y las cubrió con toallas.  Al día siguiente no paso nada, pero después de dos días escuchó de nuevo las risas y gritos de júbilo, de inmediato se ubicó para contemplarlas.

Las ramas de los árboles no permitían verlo, más bien el si podía mirar sin dificultad, sin embargo, en la ocurrencia de esos juegos veraniegos Antofagasta Collas, la menor de las hermanas, noto algo extraño sobre el muro y avisó. Las tres se ubicaron en una posición tal que pudieron ver con claridad el rostro de Mastuerzo, quien se vio descubierto. El muchacho no sintió ninguna culpa y les regalo una sonrisa, y trabándosele la lengua de la emoción, llegó a decir con dificultad: ¡¡¡¡Carnavales!!!!

Las tres hermanas Collas gritaron y entraron al interior de su casa despavoridas, Mastuerzo se percato de que algo no estaba bien, así que desapareció de la azotea y fue a ver televisión. Se sorprendió un poco pero finalmente le dio risa la reacción de las vecinas.

Esa noche casi antes de dormir Mastuerzo paso un largo rato pensando. Las Collas, como le había dicho su hermana que se llamaban las vecinas, eran lindas y la Colla fue la esposa del Inca y el tenía ancestros incaicos.  Llegó a la conclusión que si le gustaba una debía hacer como a veces pasaba en su pueblo, se la robaría y ya después sus padres lo aceptarían no más.

Sin pensarlo dos veces cogió una lampa y un pico y empezó a hacer un hueco en el jardín, el acostumbrado a la faena agrícola en una semana ya había pasado por debajo del muro de concreto que separaba las casas por sus partes traseras. Tremendo montículo de tierra y piedras cubría parte del jardín de la casa, inocentemente Mastuerzo también liberó unos cajones del ropero de su cuarto, hizo un espacio en el colgador de ropa, puso una fuente de frutas en la mesa de noche, pensando que ahí dormiría la Colla mediana.  Ni la chiquita, ni la grande, a él le gustaba Alfonsina Collas. Por supuesto no tenia idea ni de su nombre.

Tomo todos los cuidados para salir a la superficie en el jardín de los vecinos, por suerte las plantas lo cubrían todo.  Desde ese momento hacia guardia las tardes camuflado en las enredaderas. Un anochecer de viernes en que las hermanas Collas y sus amigas jugaban 7 pecados con una pelota viniball, despareció la mayor; Antonella. La buscaron por todo lado, pero no la encontraron, no tuvieron mas remedio que llamar a la PIP (Policía de Investigaciones del Perú) Quienes como primera hipótesis dijeron que Antonella se había ido por su propia voluntad de la casa, probablemente con un novio desconocido. El padre casi los bota y en su indignación y desesperación llamó a un amigo General de la Guardia Civil. San Isidro amaneció de vuelta y media, los padres del colegio se pasaron la voz por teléfono y llegaron a la casa algunos familiares, la Directora del colegio Frau Jenny Schneewittchen y tres patrulleros Dodge Coronet.

Antonella corrió para alejarse de la pelota y se metió entre los arbustos, Mastuerzo le puso la mano en la boca y ella se desvaneció solo del susto, la arrastro hacia el hueco y desaparecieron. La cargo, hasta la azotea y la colocó en la cama, le amarro los brazos y piernas y le cubrió la boca con gutapercha negra, ahí es cuando se dio cuenta de que se había equivocado de muchacha. Él quería a Alfonsina y en la oscuridad se trajo a Antonella, pero no importaba, igual era muy bonita. A amar se aprende.

Antonella despertó dos veces y volvió a desmayarse de la impresión. Mastuerzo empezó a ponerse nervioso, vio que la situación le demandaba una vigilia absoluta y no podía hacer sus deberes.  La muchachita daba gritos ahogados por la cinta en la boca, así que el espero la noche, la saco atada de manos, con la cara cubierta, la hizo caminar en varias direcciones y por ultimo la dejo en la esquina de Javier Prado, la observó desde la ventana, la vio caminar un poco, luego sentarse en la vereda. Al amanecer del domingo fue descubierta por la Guardia Civil tiritando de frio. Mastuerzo se fue a dormir habiéndose quitado un peso de encima. Lo despertó un estruendo, la puerta de su cuarto salió disparada después de una patada que le dio un policía. Usted está detenido carajo!!!!!!

 

 

 

 

 

 

 

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