MILAGRO DOMINICAL (I)

MILAGRO DOMINICAL (I)

CRÓNICAS PROVINCIANAS

Por Gonzalo Rojas Samanez

MILAGRO DOMINICAL (I)

La ceremonia va a empezar tarde como siempre, aquí llega el presidente regional, los cabellos teñidos a un castaño vinoso destellando bajo el sol serrano, sacando pecho, hinchado como esos cerdos rellenos de menudencia que tanto nos gustan para las fiestas, pavonéandose y tratando de detectar, entre el gentío, alguna nueva presa; él se rige por la premisa siguiente: el presidente regional tiene que ser el que más plata tiene y más mujeres “se agarra” y el mejor bebedor, por algo es el presidente, lo demás no importa. Sopla un viento inusualmente frío, agresivo.

–Necesito un milagro caracho, se dice a sí mismo Armando. Estamos en temporada de lluvias. En cualquier momento puede caer un aguacero o granizar. Hay que apurarse. Todo listo. Las banderas subirán despacio con los patriótica, regional y distritalmente emocionantes acordes de los himnos del Perú, de la región y del distrito.  Armando, sentado en una banca cercana, contempla la escena sintiéndose preso, envuelto en un halo de negra amargura. Ya están todos, el Alcalde, el Obispo, el Presidente Regional, el Gerente de la transnacional que representa el 40 % del PBI regional, los directores, regidores y alcaldes distritales, consejeros, empleados, funcionarios y hueleguisos oficiales, los niños de las delegaciones escolares embutidos en sus uniformes horribles, la Kimberli IV, recién elegida Reina de la Región, la reina saliente, Milaidi I y su hermana, Miss Simpatía, la agraciada Alis III, quien sin duda debió ser reina pero -cuándo no-, hubo trafa y salió la hermana que ni siquiera había postulado… Todo el mundo está ahí, varios de los presentes han estudiado con Armando en el colegio o han sido sus vecinos o los conoce desde que llegaron a estas benditas tierras.

¿Cómo es que a ellos ahora les va bien y yo sigo sin tener donde caerme muerto caracho? Claro, de la boca para afuera todos le echan la culpa de todo a la transnacional, es un buen chivo expiatorio para cargar con todas las culpas, lo que pasa es que soy yo quien se ha quedado dormido, quien se ha dejado madrugar. Es mi culpa. Cuando pusieron letreros convocando a la gente no quise ir, lo que pasa es que me batían demasiadamente demasiado, mira, ahí viene el venao, el cachudo y se toreaban unos a los otros con capas imaginarias, jijunas, oye Armando, A veces tú, a veces yo, a veces Julio Iglesias se tira a mi mujer, ja ja já. ¿Cómo haces para peinarte con esos cachos? No molestaban a Eloísa, mi esposita, a ella no le decían nada, me jodían a mí y yo me cansé de bronquearme con ellos, me catanearon varias veces, la chochoca me sacaron y cuando regresaba a la casa no quería contarle nada a Eloísa pero ella se daba cuenta y me curaba llorando, cómo llora esta mujer y uno piensa que con el tiempo el asunto pasará, por épocas baja un poco, pero la gente nunca se olvida, así es la vida en pueblo chico, cuando te chantan un sambenito es para siempre, como un sombrero que no puedes quitarte, se pueden olvidar de tu nombre, de lo que has hecho pero nunca se olvidarán de que eres un sacolargo al que su mujer engañó y para colmo con el Julio Iglesias, no fue un lance así solapa, un choque y fuga clandestino, no, fue público y notorio, con foto en primera plana del diario OJO. Mejor no hablemos de eso.
La bandera de la Región sube lentamente. La banda desafina el himno regional, eso sí, con vigor y entrega total, se están esforzando los muchachos de la benemérita, aunque no tengan técnica le ponen ganas al asunto.

Un grupo de turistas observa la ceremonia como si se tratase de un ritual preincaico. Filócratas junior, hijo menor del Presidente Regional, no debe tener más de 8 años, delgado, algo barrigón, cabello castaño pelado al estilo alemán, pantalón corto, tirantes, camisa blanca, recuerda la imagen de Adolfo Hitler cuando era chiquito que Armando vio en una foto de un libro, está de pie junto a su padre, levanta súbitamente la mano y señala a la bandera.

–Está de cabeza…
–Shhhhst… Calla mierda
.

Un cocacho. Don Filócratas Mendoza, padre de la criatura, no está de humor para tonterías. Él y sus acompañantes casi no han dormido, vienen de boleto: anoche han estado en una ciudad costeña, en gallos primero y luego en un lugar donde te entregan un rollo de papel higiénico y una pastilla de jabón Camay a la hora que entras. De madrugada se han metido a las camionetas y han llegado con las justas para la ceremonia. Don Filócratas proviene de una familia de terratenientes venida a menos, se metió en política para recuperar los fundos que le fueron arrebatados por la reforma agraria, no le ha ido mal, ha sido congresista y si bien nunca pudo recuperar las tierras de la familia, ha incursionado en el comercio y en el trasporte público con aceptables resultados.

Odia estas ceremonias, en provincia a todo el mundo le parece normal levantarse temprano el domingo para marchar y saludar a la bandera y cantar el himno y esas cosas, no se puede escapar de esas huevadas y desde luego tiene que ser en la plaza de armas. Él es natural de la provincia de L. ubicada al noreste, donde está el mayor bolsón de electores de la región, pero la capital está aquí y a estos de aquí les encanta marchar: contra los gringos, contra el gobierno central, contra el tráfico, contra lo que sea con tal de marchar. La marcha es la primera institución en este sitio. La segunda es el espacio en el que se debe desarrollar la marcha: la plaza de armas. Todo ocurre y todo está simbolizado ahí: mentidero político, escenario de encuentros de negocios o de románticos escarceos, manifestaciones, borracheras, grescas y procesiones, con fines altruistas o afanes inconfesables, legales o ilegales, la plaza principal sigue siendo el punto de reparo, eje espacial en la pequeña comedia de la cotidianidad provinciana, reflejo de la mentalidad de la gente: siempre circunscrita. La concepción agrícola del mundo y la riqueza como parcelas limitadas, finitas, que pasan de mano en mano, que no se crean ni se recrean ni se reproducen ni mueren, tienen magnitudes fijas y determinadas para siempre. Como los afectos.

–Cállate carajo –resondra Don Filócratas a su cachorro- no empieces con tus majaderías.
–Pero…
–¡¡Silencio!!
–Oiga Presidente
 –el señor alcalde, un sujeto fornido que hasta hace poco cargaba bultos en el mercado hasta que uno de los sagaces operadores políticos del Partido Manos Limpias le echó el ojo y lo puso de candidato, rostro abotargado, los ojos inyectados, ojeras y bolsas como alforjas bajo los ojos, de tanto en tanto arroja voluminosos escupitajos sin fijarse muy bien donde caen, también viene de boleto pero en su caso la borrachera y los desarreglos se han desarrollado democráticamente, como siempre, en territorio cercano, es decir en la propia plaza de armas, con los barredores y mendigos y luego en las afueras, en bares y night clubs de muy mala muerte- ¿puede decirle a su hijito de usted que se deje de hinchar los cojones?

–¡La bandera! –insiste el hijito.
–Oye mojón de mierda cállate la boca carajo
 –estalla el alcalde- qué falta de respeto.
–Un momentito señor, no le permito, aquí el único que requinta a este pedazo de imbécil soy yo.
–¡Papi mira la bandera!

Republicano, admirador de la Tatcher, de los Bush, fanático de la música country y las Harley Davidson, Thomas Quinn, el gringo de la trasnacional, mide dos metros diez, tiene un gimnasio completo en su casa, también viene de boleto y no entiende nada. Acaba de bajar del Beechcraft, ha llegado al aeropuerto pensando que Lima siendo the best, ¿me entendiendo usted? El paraíso my friend, no hay un lugar así en todo la planeta. El piloto, un chileno de cabello rubio, se ha negado a entregarle un rato el timón del Beechcraft, el son of a bitch dice que Thomas huele a alcohol, con razón los peruanos odiando chilenos… sin quitar la mano de la enorme hebilla de su correa, interviene:

–Something con la… I mean, with the flag folks –levanta el mentón señalando la bandera.
El excelentísimo presidente de la región mira hacia el mástil, luego todos fijan la mirada en ese punto.
–Mierda –dice el Alcalde- es cierto, está de cabeza, la puta bandera está de cabeza.
–Carajo, paren la música
 –grita don Filócratas– hay que voltear esa bandera, no puede quedarse así.
Claro, lo que pasa es que la bandera muestra el arcoíris, va del negro al blanco y si ya así se confunde con la que usan los activistas del movimiento homosexual en todo el mundo, de cabeza es igualita y se crea un problemón.

Tenemos que cambiar la bandera carajo –requinta Don Filócratas.
–Ni cagando, así como está tenemos que dejarla, nos está trayendo como mierda de turistas 
argumenta el alcalde.
–Pero es turismo gay, creen que este es una especie de paraíso de la mariconada.
–Qué chucha, con tal que paguen.
–Claro, con tal que paguen tú eres capaz de ponerte falda y peluca carajo, serías la drag queen más fea del planeta.
–¿La qué?

Armando se aleja de la plaza arrastrando los pies. Necesito plata malditasea. Desde la ventana del café “Condor groovy” observa a los parroquianos. Alguien le hace señas con la mano. Al principio Armando cree que llaman a otro. Hasta que Polito Rosales se dirige a él por su nombre.

Armandito, compadre, pase usted, pase, tome asiento, ya conoce usted aquí al popular “Lágrima de burro”, el colega Javier Jerí, que tiene su programita en radio Supertropical y al amiguito Gerson Rada, corresponsal de Canal M y de Radionoticias, el popular “Conan”.
–Sí, los conozco. Buenos días.
–A ver mozo, bájate otra caja de rubias aquí al sector intelectual del establecimiento.

El lado oscuro de las tradicionales fiestas patronales andinas | HUACHOS.COM

Ellos han empezado temprano. Beben cerveza Cristal gran cuerpo cabeceada con Kola Real. Aquí esto de los apodos es un arte. No se trata de chantarle cualquier cosa, una simpleza, al prójimo, no, un buen apodo interpreta lo que la persona es, se convierte en su carta de presentación ante el mundo. Este sujeto de apellido Jerí, por ejemplo, es un señor alto y de aspecto lánguido, estrecho de hombros, desparramado, acuoso, potón, de cabeza puntiaguda, la boca grande y entreabierta, derrumbada y provincianamente distinguida. “Lágrima de burro” le cae perfecto. Hasta su esposa le dice “Lagri” de cariño. Nadie lo conoce por su verdadero nombre. La imagen es tan certera que a nadie se le hubiera podido ocurrir buscar otro apodo o apelativo para “Lágrima de burro”, por ejemplo “Moco de camello” o “Papada de pavo viejo”. Ni hablar. A un notario que trabajaba con los gringos le decían “Ratón con paperas”: era bajito, regordete, la piel llena de lunares, ojillos diminutos, casi devorados por un cuero cabelludo que se había olvidado, o nunca supo, de la existencia de algo llamado frente. Cuando Armando lo conoció, se lo presentaron solemnemente, el doctor Villagarcía, encantado, un honor, y por lo bajo le dijeron “mejor conocido como ratón con paperas”, y la primera reacción de Armando consistió en buscarle la cola al doctor. A su muerte, uno de sus hijos heredó la chapa y hasta ahora la defiende con eficiencia notable, cada vez se parece más a su papá, y cada vez se parece más a un ratón con paperas. A otro sujeto le llaman “Cinco pa’ las seis” porque tiene un tic nervioso que lo hace quebrar, cada tres minutos más o menos, la cabeza y medio cuerpo espasmódicamente hasta hacer que su figura dibuje un ángulo obtuso, exactamente igual a cuando las manecillas del reloj dan las cinco y cincuentaicinco. Uno de los portapliegos del municipio, un anciano encantador y sonriente, arrastraba junto a sus achaques el mote, provisional y malsano, de “Agua Tibia”. Cuando murió, en su velorio, le cambiaron la chapa por la de “Agua fría”, esta sí definitiva y consagratoria. A Armando le costó trabajo entender, por ejemplo, por qué le llaman “Conan” al amiguito Gerson Rada que ahora eructa ruidosamente. Es un sujeto pálido, ojos saltones y brillantes, rostro huesudo, flaco es cualquiera, este es una radiografía, su delgadez es cadavérica, parece fugado de un campo de concentración. Al principio pensó que era una alusión paradójica al bárbaro famoso, pero no, es Conam, con m, por “con hambre”.

A Polo Rosales, su anfitrión, conductor de programas de televisión, director y filudo columnista en el diario “El Times Andino”, le dicen “Cernícalo”.

–Necesito plata carajo –confiesa Armando mientras apoya la cara en la palma de la mano y deja el codo descansar sobre la mesa.
–Puta, en las mismas estamos nosotros –coincide Cernícalo-. Salú compadre, no se nos deprima pues camarada.
–No sé, me siento atrapado carajo, estoy pensando en irme a Lima.
–¿Para qué?
–No sé, de repente agarro chamba en algún medio, no sé.
–Perdóneme compadre pero esa es una cojudez. En Lima lo que sobra es guanacos como nosotros que harían cualquier cosa por veinte soles. No. Usted ya no es un crío, tiene familia, no puede…

En fin, le dicen todo lo que él sabe mejor que nadie. Tres cajas y una docena de cuyes después aparece “La cigüeña”, Heidi Huamán, alta delgada y huesuda como su chapa lo indica, reportera gráfica de “El Times Andino”.

–Aquí tengo las fotos recién reveladas, calientitas están. Se le ve clarito a don Filócratas entrando al chongo.
–¿Y los negativos? –pregunta Polo Rosales.
–Todo está en este sobre –responde ella.
–Ya, te pasaste zamba de pelo lacio, toma 
le extiende un billete arrugado y mojado.
–¿Veinte soles? ¿Estás loco? ¡Devuélveme el sobre!
–Puta cómo jodes, toma otros veinte soles.
–Ni hablar. Dame. Ese huevón va a querer averiguar quién le hizo las fotos, va a querer vengarse, por cuarenta lucas no me voy a arriesgar ni cagando.

La Cigüeña no entra en razón. Rosales dice:
–Vamos a tener que hacer una chanchita. A ver ustedes, con cuánto pueden aportar a la causa. Tienen que ver esto como una inversión. Les ofrezco ir a partes iguales en las ganancias.
Al final transan en doscientos soles. Armando ha entregado los últimos cincuenta soles que le alumbraban.

–Vamos, hay que sacarle partido a la inversión. Oye Cipriano Polo Rosales se dirige al dueño de la chingana- anótame estas chilindrinas en mi cuenta. No jodas. Más tarde regreso, ¿cuando te he engañado primito? (continuará) (GRS)

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