Oportunidad e historia

El diálogo para la búsqueda de consensos es una característica de los sistemas políticos más avanzados y de las democracias sólidas. Si bien nuestro país aún tiene mucho tramo por recorrer en ese ámbito, ayer se dio un paso adelante con la suscripción del Compromiso para el Pacto Perú con miras al bicentenario, documento en el que los miembros del Acuerdo Nacional ratifican su compromiso de trabajar en procura de la salvaguarda de la vida, la contención de la pandemia del coronavirus, la atención a la población vulnerable, la lucha contra el hambre, y la recuperación económica y del empleo.

Además, en el compromiso manifiestan la voluntad de participar en el diálogo sobre los cinco puntos del Pacto Perú convocado por el presidente Martín Vizcarra: la construcción de un sistema unificado de salud, garantizar calidad educativa, promover el crecimiento sostenible, continuar la reforma política y del sistema de administración de justicia, además de la lucha contra la pobreza y la pobreza extrema.

Más allá de las formalidades y actos protocolares es positivo que las fuerzas políticas hayan manifestado por escrito su voluntad de aceptar el diálogo como herramienta para superar las naturales diferencias programáticas con otros sectores y alcanzar acuerdos que tengan influencia tangible en la mejora de la calidad de vida de la población de nuestro país.

Se trata de una gran responsabilidad que estos grupos asumen con todo el país y, por qué no decirlo, con la historia misma, puesto que los acuerdos a los que arriben y las decisiones que tomen deberán solucionar los problemas más graves que enfrenta el Perú. Todos estos escollos son de igual magnitud, pero, sin duda, la contención de la pandemia, la unificación del sistema de salud pública y la recuperación económica están entre los principales.

Por tanto, sería un gravísimo error que las agrupaciones que intervengan en este esfuerzo privilegien sus propios intereses políticos o personales y los coloquen por encima del interés supremo de la patria. Ello representaría un fracaso más en la larga lista de intentos emprendidos en nuestra historia por unir a todos los sectores en torno a un objetivo común.

En consecuencia, es positivo que el Mandatario haya explicitado la necesidad de que los próximos candidatos a la jefatura del Estado, así como al Parlamento, se comprometan a cumplir con los acuerdos que se alcancen en el Pacto Perú y los incluyan en sus respectivos planes de gobierno e iniciativas programáticas, a fin de que el electorado apoye aquellas propuestas que garanticen la ejecución de los eventuales compromisos.

Nuestra clase política tiene, gracias al Pacto Perú, una nueva oportunidad ante la historia de trabajar en unión por el bien común de todos los peruanos. Si se logra, la confianza de la población en sus autoridades y representantes aumentará y eso ayudará a consolidar la democracia. Por el contrario, desaprovechar este esfuerzo prolongaría el divisionismo y haría más lento el progreso de nuestra patria.

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