PANDEMIA: INEQUIDAD Y EXCLUSIÓN

La crisis que ha generado COVID-19 en el mundo, es devastadora. Millones de ciudadanos confinados vivimos al borde de la desesperación. Esta crisis nos ha permitido ver la inequidad y la exclusión en los países que aplicaron políticas neoliberales. Millones de seres humanos no tienen acceso a la salud, a la educación y al trabajo. Los menos, en los que está concentrado la riqueza, gozan de todos los beneficios, como consecuencia de las políticas gubernamentales que sólo favorecen a los más ricos.

En nuestro país, el confinamiento afecta a millones de ciudadanos, que en esta crisis pasaron a engrosar las clases sociales marginadas. Sólo algunos viven con todas las comodidades que la modernidad ofrece.

Los más pobres no tienen vivienda, no tienen trabajo, ni siquiera tienen servicios básicos de agua y desagüe. Miles de conciudadanos deambulan por las calles vendiendo lo que sea para sobrevivir. Estas políticas aplicadas en los últimos 35 años han ocasionado que la brecha entre ricos y pobres sea cada vez más distante. Se percibe esta inequidad en educación, salud, economía y trabajo.

En educación la exclusión es patente. La educación de calidad en nuestro país no existe. Hoy obligados por las circunstancias, el estado ofrece una educación remota que no logrará las competencias en el currículo nacional señala. Miles de niños y adolescentes no tienen acceso a internet, y no “asisten” a clases. El 6% del PBI  que debe asignarse a la educación es una quimera, actualmente se destina solo entre el 3.6% al 3.8%. Ningún gobierno toma en consideración el acuerdo del Concejo Nacional. Pero en toda campaña política, los candidatos ofrecen un servicio educativo de calidad, gratuito y universal. La realidad  nos demuestra que no tenemos infraestructura tecnológica, maestros mal pagados y niños mal alimentados. El sistema tiene más deficiencias que virtudes.

En salud, la realidad  desnuda nuestras  carencias. Los gobiernos jamás se preocuparon por la salud pública. Se permitieron y se permite que laboratorios y farmacias esquilmen a los usuarios. El sistema público de salud colapsó. No hay camas UCI, no hay ventiladores suficientes para atender a los infectados en nuestro país. El precio de las medicinas se ha elevado considerablemente y no es posible que el oxígeno tenga costos exorbitantes que llegan hasta 8 mil soles por balón. La industria farmacológica es la más corrupta del planeta. No le interesa en absoluto la salud de los pobres. Sólo el que tiene dinero sobrevivirá en el futuro.

En  economía, sólo se favorece a los grandes grupos económicos. El gobierno destinó 60 mil millones de soles para salvar a la macro y micro empresa; sin embargo, la realidad demuestra que el dinero llegó sólo a los banqueros y reducidos grupos económicos que operan en nuestro país. El dinero no llegó nunca a las pequeñas empresas y menos a ciudadanos que pretendían organizar un pequeño negocio. El gobierno defiende contratos que nacieron al amparo de la corrupción. En el colmo de la desfachatez, cuatro embajadas criticaron al congreso y defendieron a sus empresas, por la ley aprobada en el congreso suspendiendo el pago de los peajes en todo el país, durante el periodo de vigencia de las medidas de emergencia. Estas embajadas atentan abiertamente contra la soberanía nacional. Lo ilógico es que los medios de comunicación social, que son parte del poder económico, califican a la ley del congreso como populista y anticonstitucional. El tribunal constitucional probablemente sancione que la ley es  anticonstitucional y consagrará la corrupción imperante en nuestro país, so pretexto del respeto a los contratos suscritos y que tienen fuerza de ley. Aunque haya habido coimas de por medio-

En el ámbito del trabajo, la flexibilización de las normas laborales, cada día favorecen a las empresas y no al servidor público o privado. La desocupación es clamorosa. Miles de ciudadanos han perdido su trabajo. Las empresas han utilizado la pandemia como pretexto para despedir a miles de trabajadores. Ahora hay millones de vendedores ambulantes en todas las calles de nuestro país, desafiando las normas de aislamiento social. Han salido a las calles para no morir de hambre. El futuro es incierto y complejo. Nos están imponiendo el uso de las tecnologías de la información en todos los rubros. La desocupación crecerá y como señala Andrés Oppenheimer sólo nos queda decir “sálvese quien pueda”.

El reclamo y la protesta son imposible en periodos de crisis como este. El adormecimiento social es una realidad y cada vez el poder económico abusará de los millones de los trabajadores en nuestro país.

 

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