¿Por qué nos despertamos entre las 3 y 4 de la madrugada?

¿Por qué nos despertamos entre las 3 y 4 de la madrugada?

El sueño no es tan sencillo como parece. No se trata de estar cansado y ya, a dormir. A veces da igual la postura, el tipo de almohada o tu propio deseo de descansar. Cierras los ojos y, antes de que quieras darte cuenta, estás despierto de nuevo en mitad de la noche, una y otra noche. ¿Te suena esto? ¿Sientes que duermes mal o no duermes? ¿Por qué parece que nuestro cerebro nos boicotea de repente? No creas que estás solo tratando de responder todo esto.

La pandemia ha traído consigo (pero también ha dejado entrever) otra menos visible, tal vez: la de la salud mental. Con los niveles de estrés disparados, nuestro organismo se altera y nuestro descanso es más bien un cansancio constante.

Si ya te ocurría antes del confinamiento, sabrás muy bien a qué nos referimos, y si te ha comenzado a suceder tras este, es posible que estés buscando desesperadamente una solución al insomnio. Lo primero que debes saber sobre este es que, si se produce frecuentemente lo más adecuado es acudir a un especialista como el psicólogo o el psiquiatra, según las causas a las que responden este y otros síntomas que puedas sentir.

Comenzar terapia psicológica puede ser en este caso la mejor solución. Incluso si se trata de una alteración momentánea de tu reloj circadiano, ese que ordena las fases del sueño, acudir al psicólogo nunca está de más si sientes que algo va mal con tus pensamientos.

Lo explica el investigador Greg Murray en el portal de ‘Wales Online’, y ofrece algunas respuestas estas preguntas que, en mitad de la noche, generan una discusión con nosotros mismos. Murray, que estudia el estado de ánimo, el sueño y el sistema circadiano, apunta que “en una noche de sueño normal, nuestra neurobiología alcanza un punto de inflexión entre las 3 y las 4 de la madrugada”.

¿Qué supone este punto de inflexión? Que a partir de entonces, nuestro cuerpo comienza a prepararse anticipándose a la luz del día. “La temperatura central del cuerpo comienza a subir, el impulso del sueño se reduce (porque el cerebro ya considera que hemos dormido mucho), la secreción de melatonina (la hormona del sueño) ha alcanzado su punto máximo y los niveles de cortisol (una hormona del estrés) aumentan”, señala Murray.

Como si en nuestro interior existiera, efectivamente, un reloj, nuestra naturaleza predice el amanecer (también el anochecer) antes de que lleguen, y nos prepara ante la luz o la ausencia de esta. De hecho, sostiene el experto, nos despertamos muchas veces cada noche, sobre todo en la segunda mitad de la misma porque el sueño es más ligero entonces, y ahí está la clave: “Cuando el sueño nos va bien, simplemente no nos damos cuenta de estos despertares. Pero con un poco de estrés es muy probable que la vigilia se convierta en un estado de plena conciencia”.

Al entender la noche como el momento del sueño, despertarnos puede producir preocupación, y si esta llega cada noche, la desesperación por estar dormido puede hacer que la persona “se despierte de un tirón ansiosamente cada vez que atraviesa una fase de sueño ligero”, añade. Por eso recuerda que existe un “fuerte vínculo” entre el sueño y el estrés, la ansiedad y la depresión. Acudir al médico es así la mejor opción para comenzar a frenar esa espiral.

Tres consejos

Si estás esperando que llegue tu cita médica o si aún no has dado ese paso, puedes probar con la técnica de la atención plena de la que ahora tanto se habla. Sí, sí, esa que aparece en apps para el móvil y en plataformas digitales en formato de serie, pero que, más allá de su capitalización forma parte de las prácticas budistas para la relajación.

Esta técnica consiste en dirigir la atención hacia el interior, concretamente hacia tu respiración, en el momento en que te desvelas ante pensamientos negativos. Centrarse en el sonido de la respiración para dejar a un lado lo demás. Si no lo consigues, apunta Murray, los tapones de oídos son grandes aliados porque nos aíslan de otros ruidos externos y nos permiten así escuchar cómo respiramos.

Otra opción es la terapia cognitivo-conductual de la que podemos extraer algunos ejercicios básicos para buscar esa relajación (aunque recuerda que siempre es más conveniente un tratamiento específico en base a una evaluación del especialista): si pasa el tiempo y tu respiración no te calma, levántate, enciende una luz tenue y haz alguna actividad que no requiera mucho movimiento, como leer.

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