Por tu voz, Hablo

Luis Miguel Pilco Vicharra

Abogado por la UNMSM e historiador autodidacta

Correo: inkapilco22@hotmail.com

El Joven Centenario

Nos deja un legado ejemplar

 

Don Luis Bedoya Reyes señor de señores al cumplir 102 años de vida intensa,  ha dejado de existir, son los vaivenes de un camino escabroso en el que tuvo cuidado para no caer en los abismos y laberintos del que está plagado la existencia.

El joven centenario, hijo de don Jacinto Bedoya y Luz Reyes de la Torre, nos ha legado su vasta experiencia, su acrisolado conocimiento que guardó su vida ejemplar con valores, espíritu de servicio y capacidad.

Don Felipe Torres a los 92 años de edad me manifestó, con Bedoya estudiabamos en la escuelita Fiscal de Chucuito, con los demás compañeros asistíamos al refectorio escolar ubicado en el segundo piso del mercado central del Callao en donde nos servían una taza de quaker con  pan de punta acompañado de mantequilla.

La familia Bedoya se trasladó a Miraflores, vivía en una casa asignada por la empresa de tranvías en donde trabajaba su padre, se matriculó para terminar el tercer año de primaria.

Al terminar primaria estudio en el Instituto Moderno de Miraflores hasta el tercer año de media, con sus amigos formaron un equipo de fútbol, necesitaban chompas y una pelota, le dijeron  el doctor Raúl Porras Barrenechea los puede  apoyar, llegaron a la calle Colina casa del maestro, tocaron la puerta, salió un señor de espíritu jovial, les hizo pasar, la abundancia de libros  que rodeaba a Porras impresionó a Bedoya, Porras  colaboró con tres soles,  les alcanzó para comprar los útiles deportivos.

En Guadalupe fue un alumno aplicado, comprometido con su formación en base a  una disciplina y organización personal, se impuso como primer alumno, al terminar quinto año de media en 1935 haciéndose merecedor a la medalla de oro,  a  tan  prestigioso colegio llegaban los mejores alumnos del departamento de Lima, Bedoya brillo en medio de alumnos competentes, don Lucho entre sus grandes maestros recordava  a Manuel Sánchez Palacios y José Jiménez Borja.

Amelio Plasencia le pregunto a Bedoya ¿A dónde vas a estudiar?, le respondió  tengo beca en la Católica, el padre le dijo: tu lugar es San Marcos, siguiendo el consejo del padre  postuló a San Marcos, en el concurso de ingreso logro el primer puesto entre el universo de  postulantes a la cuatricentenaria universidad en 1936.

En San Marcos a la vez estudio educación y derecho, se volvió a encontrar con su maestro Sánchez Palacios, en la clase de derecho, no supo responder la lección, el catedrático le dijo: tú no eres el alumno sobresaliente de Guadalupe, Bedoya le contestó: le voy a decir la verdad maestro estoy enamorado, el profesor le dio otra oportunidad, la afortunada era,  quien fue su esposa doña Laura de Vivanco.

Más adelante estudiando el doctorado en historia Bedoya refería que su maestro fue Julio C. Tello le ofreció una beca para estudiar antropología en Berkeley (Estados Unidos), Bedoya le contestó mi interés es la abogacía, Tello le dijo: sin vocación profunda no se tiene fuerzas para una tarea como esta.

 

 

 

En el Museo de Arte del paseo Colón se llevó a cabo el histórico Congreso Americanista en Geografía e Historia, en dicho evento Max Uhle y Julio C. Tello confrontaron sus posiciones  el tema era: Origen de la Cultura en los Pueblos Andinos, dijo Bedoya: cuando cursaba el primer año de letras había sostenido la tesis de Uhle con toda la petulancia propia de mi juventud, Bedoya dijo, en el debate: fui cautivado por la fría tenacidad de Tello quien en sus exposiciones sobre el origen caribeño Arawak remontando sus pobladores los ríos que desembocaban en el Atlántico entre ellos el Amazonas para asentarse en la selva luego subir a las estribaciones andinas creando en Chavín y Tiahuanaco esplendidas culturas milenarias, tesis hoy comprobada con el descubrimiento de la civilización Caral.

Bedoya aún estudiante de secundaria fue profesor de una academia de preparación universitaria; Luis Alayza Grundy me contó una anécdota de Bedoya cuando él y otros estudiantes universitarios eran profesores en el colegio nocturno de Surquillo para los trabajadores de construcción civil dirigido por el padre Amelio Plasencia.

Una noche los alumnos que les superaban en edad a sus jóvenes profesores se amotinaron, nadie los calmaba, entonces dijeron llamen a Bedoya, el joven lucho ingreso al salón, les aplico una llave psicológica que solo conocen los lideres, los alumnos no solo se callaron si no rieron y aplaudieron al joven profesor.

La vocación de Bedoya fue la docencia, su añoranza era ser profesor de su querido colegio Guadalupe, no fue posible enseñar en sus aulas, no por falta de capacidad si no por la decisión de un profesor de Guadalupe, de él dependía en el Ministerio de Educación el nombramiento de los profesores,  Bedoya al calor de la política a este funcionario le había aplicado una filípica, al ver el expediente de Bedoya él burócrata se vengó, privando al colegio Guadalupe de un brillante profesor de historia.

Siguiendo la ruta de abrir la mente de la juventud, Bedoya llega por concurso al colegio Leoncio Prado, alterno con grandes maestros entre ellos Alberto Tauro del Pino, Pedro Grados Bruno, Hermann Busse de la Guerra, entre otros.

La Universidad Mayor de San Marcos distinguió al ilustre ciudadano Luis Bedoya Reyes con el Honoris Causa, le fue otorgado en el Salón General de la vieja casona de San Marcos, hoy  Centro Cultural de la Universidad Decana de América, el distinguido doctor Raúl Ferrero profesor emérito de dicha casa de estudios ofreció el laudatorio.

Bedoya nos hizo el honor de dedicar, a mí y a inti sus dos libros intitulados Luis Bedoya Reyes: Gradualidad en el Cambio y Joven Centenario: Realidades de una Vida, el contenido de estas dos obras es frondoso, habla de muchos pasajes de la vida de Bedoya en el ámbito familiar, profesional, vocación de servicio y de la política, la opinión de varias personas opositoras a Bedoya, con el tiempo reconocieron, el señorío de este gran personaje.

La adversidad fue su aliado del joven Bedoya, la pobreza fue la garrocha que necesitaba para crecer y elevarse en medio de la dificultad, logró ser un self-made man (el hombre que se hace así mismo) convirtiéndose en espejo y ejemplo para el Perú,  especialmente para los jóvenes, que si es posible salir de la multitud, para hacer realidad los más grandes sueños, con valores, una elevada educación, disciplina, deporte, trabajo placentero y acción permanente.

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