TORMENTA DE IDEAS

Jorge Zevallos – Quiñones Pita

 

La Revolución que Todos Claman

No es internándose en la selva con un fusil, tampoco reformando una constitución. De lo que se trata es como derrotar la tramitología estatal existente o llevarla a su mínima expresión. Para esto se tiene que agrupar a administrativistas, experto/as en algoritmos, burócratas bien intencionados, hartos de ver cuellos de botella documentales que genera su sector. Ronda entre nosotros el concepto de Perú digital, ciudad digital, si, que lindo, pero en la práctica todavía nos acechan severos requisitos: el sello colorido, cargo y hora de recepción, fotocopia del DNI, cola física y TUPAS cambiantes. Es el infierno de Dante hecho trámite.

Nunca en el Perú, a efectos de eliminar o uniformizar procedimientos administrativos, se han reunido ministros, jefes de organismos constitucionales autónomos y de instituciones públicas adscritas, gobernadores regionales, alcaldes. Nunca. Y por ello vemos a diario trámites repetitivos, o una demora (para Job) en la emisión de tal o cual informe u acto o resolución. Se salva de esta crítica «la Comisión de barreras burocráticas» (INDECOPI) que sale diariamente de caza por las administraciones públicas, detectando y eliminando trámites repetitivos o absurdos. Penosamente, hay que decirlo, las municipalidades obtienen el primer puesto, dando un tufillo de querer tener ingresos a como dé lugar.

Con este babel asomó el covid 19 y el estado se vio en la necesidad de pasarse al teletrabajo y a hacer virtual la tramitación. El nuevo calvario fue el fotocopiado de la extensa documentación que se solicita, envuelto en metarequisitos (jpg, pdf, buena resolución, foliado virtual, criterio de pixelado distinto en cada sector, firma digital, espacios «x» para los escritos, tipografía «w» en la redacción) convirtiéndonos en nerviosos expertos a la fuerza, padeciendo la gota gorda en cabinas públicas y centros de cómputo. Está demás decir que tal esfuerzo no significó que los trámites se acorten en el tiempo y hasta me atrevería a aseverar que muchos se han alargado.

Y no fueron las máquinas sino una idea: el silencio administrativo positivo –ese castigo a la inercia estatal que daba como otorgado el trámite pedido si la entidad no contestaba a tiempo-el aporte más importante hecho por el estado para combatir la demora en los tramites en el Perú hasta el día de hoy. Fue Hernando de Soto el gestor de tal idea, desde su Instituto Libertad y Democracia (ILD) quién logró seducir a Alan García (1º gobierno) convirtiéndose en norma obligatoria.

El impacto fue brutal y todo empezó a fluir maravillosamente en la tramitología peruana hasta que se dieron cuenta que inevitablemente tal norma llevaba la desaparición de cargos, estilos de trámites y hasta de la presunta corrupción que como se sabe es el principal mal de este país. Una mañana derogaron la norma y regresó el inefable silencio administrativo negativo.

El mal principal ayer y hoy es la superposición de trámites, dos o tres instancias administrativas hacen lo mismo o muy parecido, sin importar que se ubiquen muy lejos una de otra. Hay que revisar toda la normatividad para detectar esa nefasta duplicidad. Con los algoritmos y otros motores de búsqueda se puede hacer maravillas. Y no tiene que venir de Lima el modelo o la iniciativa. Fácil un gobernador regional o alcalde provincial nos puede sorprender diseñando un audaz cambio o disminución en los trámites no nacionales que han heredado, para beneplácito y hasta renovación de voto de la ciudadanía.

Hace tres años me tocó iniciar la servidumbre de un terreno estatal proyectado para seis meses y tuve que circular por ocho dependencias estatales. Todavía no termino. Ya no sé que decirle al interesado, temo esa frase sarcástica –tienes la razón, pero vas preso- amén.

 

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